viernes, 26 de octubre de 2018

A los fieles seguidores de Jesucristo.



Dios nos ha bendecido con toda clase de bendiciones, tanto espirituales como materiales, desde mucho antes de habernos creado.

Dios eligió a su hijo Jesucristo para que en El, fuésemos bendecidos, santos e irreprochables, lo decidió así porque vio que no había ninguna otra solución para su pueblo. Por medio de Jesucristo nos adoptó como miembros de su familia, esa era su voluntad desde el principio.

Por su gran amor manifestado por nosotros, alabamos a Dios todos los días y a cada instante, Dios es tan misericordioso que pagó nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados. ¿Cómo no estar eternamente agradecido?

Ahora bien, Dios sujetó todas las cosas bajo la autoridad de Jesucristo, las que están en el cielo como las que están en la tierra; para que en El estén realmente seguras, por ende, yo me sujeto a Él con ese mismo propósito.  

El propósito de tal sujeción es que demos gloria y alabanzas a Dios, por medio de su Espíritu, el cual habita en nosotros desde tiempos antiguos. El Espíritu es la garantía de que estamos con Dios, por tal razón podemos decir Abba padre.

Es necesario tener fe en Jesucristo, y orar en todas partes y por todas las circunstancias de la vida, dando gracias a Dios por todos y por todo. Pido a Dios, que nos de sabiduría y entendimiento, que nos ilumine de luz el corazón para poder entender a qué esperanza hemos sido llamados, cuál es su plan perfecto para nosotros sus hijos, de tal forma que no sigamos siendo zarandeados por cualquier viento de doctrina.   

También pido en oración a Dios, que nos revele su increíble grandeza y poder para nosotros los que creemos en él, para qué nos armemos de valor y nos esforcemos verdaderamente por alcanzar sus promesas en Cristo Jesús. Y así, no seguir temiendo ¿qué podrá hacernos el enemigo?

Ese gran poder que levantó a Cristo de entre los muertos y lo sentó en el lugar de honor, a la derecha de Dios; es el mismo poder que nos tiene bajo la autoridad de Jesucristo, quien es nuestra cabeza, y quien llena totalmente de plenitud a todos con su presencia.

Antes de Cristo, estábamos muertos a causa de los muchos pecados en que vivíamos, dominados por los poderes del mundo invisible, porque nos negábamos a obedecer a Dios. Todos vivíamos así en el pasado, siguiendo los deseos de nuestra naturaleza pecaminosa, por tal causa éramos objeto del enojo de Dios. Pero el amor de Dios es tan grande que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos.

Por la gracia de Dios somos salvos, si nos mantenemos unidos a Jesucristo. Dios nos salvó por su gracia cuando creímos en Jesucristo. Y no es por merito nuestro, es un regalo de Dios. Ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo.

Antes andábamos muy lejos de Dios, pero fuimos acercados a Él, por medio de la sangre de Cristo, quien nos redimió y nos puso en paz con Dios Padre.

Jesucristo derribó el muro que nos separaba de Dios, lo logró al poner fin al sistema de leyes, mandamientos y ordenanzas por medio de su muerte en la cruz, y la enemistad que había entre nosotros y Dios, quedó destruida. Ahora todos tenemos acceso al Padre por medio de su Espíritu Santo, gracias a la muerte de Jesucristo por nosotros.

Ahora siendo miembros de la familia de Dios, vivimos en su casa, la cual está edificada sobre el evangelio de Jesucristo, cuya piedra principal es Cristo mismo. Estamos unidos en él, por él y para él. Por tanto, todo aquel que crea en la Buena Noticia, “Jesucristo”; gozará por igual del privilegio de ser llamado hijo de Dios.

Gracias a nuestra fe en Jesucristo, podemos entrar en la presencia de Dios con toda libertad y confianza. Por eso les digo que no se desanimen a causa de las pruebas y sufrimientos por los que estén pasando en estos tiempos, que todos ellos afrontados con fe y amor en Dios, nos llevará a ver su gloria y poder en nosotros.

Qué bueno que tenemos un día más para agradecer a nuestro Señor Dios y padre, por todas nuestras debilidades, ya que por medio de ellas nos postramos de rodillas en oración al Padre, y así, sus gloriosos e inagotables recursos nos fortalecerán con poder en nuestro interior por medio de su Espíritu.

Espero que comprendamos que el amor de Dios no es como el amor humano, el cual pretende manifestarse brindando soluciones pasajeras ante cualquier dificultad. Que toda la gloria sea dada a Dios, pues él nos da mucho más de lo que pedimos o esperamos recibir.

En verdad hemos sido llamados a ser humildes y amables, a perdonarnos las faltas por amor, a mantenernos unidos en el Espíritu mediante la paz.

Así, no seremos inmaduros como los niños, y no seremos arrastrados de un lado a otro ni empujados por cualquier corriente de nuevas enseñanzas. Ni nos dejaremos llevar por personas que intenten engañarnos con mentiras tan hábiles que parezcan verdad. En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia. Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor.

Permitámosle  al Espíritu santo de Dios que renueve nuestros pensamientos y nuestras actitudes. Así que no digamos mentiras, a cambio, hablemos siempre la verdad, no permitamos que el malgenio nos controle, porque el este da lugar a que pequemos.

Si antes robabas, deja de hacerlo, a cambio, trabaja con honestidad y cumplimiento, usa tus manos con dignidad y comparte generosamente con los que tienen necesidad. No seas grosero ni ofensivo con tus palabras, habla siempre en bendición, que todo lo que digas sea útil, a fin de que tus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan. No des mal ejemplo a nadie con la manera en que vives, recuerda que sobre ti están puestas todas las miradas, principalmente la de tu padre celestial.

Hecha fuera de ti, toda amargura, toda furia o enojo, toda grosería, calumnias y toda clase de mala conducta. Imita a Jesucristo en todo lo que hagas, Él es tu medida a alcanzar. Él nos amó y se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros, como aroma agradable a Dios.

No hables nada inmoral, chistes obscenos o necedades no son para ti. Ni te dejes engañar por los que tratan de justificar esos pecados, pus a Dios no le agrada nada de eso. Evita todas esas cosas que hacen los incrédulos. Que la luz que está dentro de ti ilumine a los demás cada día.

Ten cuidado de cómo vives, no lo hagas como un necio, sino como sabio. Obtén el mayor provecho de cada oportunidad en estos días. No actúes sin pensar, más bien procura entender que el Señor quiere que hagas.

Las borracheras arruinarán tu vida, a cambio, llénate del Espíritu Santo, cantando alabanzas espirituales a Dios, en tu corazón y con tu boca.

Los casados, sométanse el uno al otro como al Señor, ámense como Cristo nos amó.
De las pasiones carnales fuera del matrimonio, huid. Recuerda que El hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo.

Por eso digo, el hombre debe amar a su esposa como a sí mismo, y la esposa debe respetar a su marido y amarlo solo a él. Los demás amores son pecado.

Sed fuertes en el Señor y en su gran poder, manténganse firmes en Dios contra todas las estrategias del diablo. Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra huestes malignas e invisibles, y contra fuerzas poderosas del mundo tenebroso.

Orando en el Espíritu en todo momento y en toda ocasión, nos mantendremos alertas y firmes. Y la paz de Dios estará en nuestros corazones eternamente con todos los que amamos a nuestro Señor Jesucristo.   

¡Gloria a Dios Padre y a Jesucristo su hijo, por todas las generaciones desde hoy y para siempre! Amén.

Jesucristo te ama y e bendice.
JoseFercho ZamPer

viernes, 12 de octubre de 2018

Jesucristo y Yo Un encuentro con el amor



Estaba sentado a la orilla del lago cuando vi por vez primera a mi Maestro, mi Señor.

Mi hermano me andaba buscando todo embravecido y agitado, debido al mal genio que me traspasaba el corazón.

De repente un hombre llegado de la nada se detuvo frente a mis ojos que estaban fijos en el horizonte, como no lo vi venir de ningún lado, el miedo me invadió el cuerpo dejándome paralizado. Cuando lo miré, una luz alumbró mi interior y lo reconocí, entonces abandonando mis fuerzas lo seguí.

Caminando a su lado sin respirar e inundado por el asombro me dijo; tu casa se llenará de bendiciones. Mi corazón se alegró al oír sus palabras, al llegar a casa todos se encontraban consternados por que no sabían de mí por varios días.

Bajo un cielo oscuro y frio me movía, por querer respetar las costumbres y las tradiciones, me hundía en el lodo de la desesperación, pero cuando estuvimos sentados a la mesa, lo más profundo de mi ser saboreó la paz y el amor, me aferré a él como mi única solución.

Mientras me hablaba, mi corazón se desbordaba de paz, y mi alma se saciaba de sus palabras. Al final no tuve nada que decir sino: -Maestro, te seguiré hasta el fin del mundo.

Él mirándome a los ojos me dijo: Yo soy el Dios de Israel, yo fui quien creo los cielos y la tierra y la puse en su lugar.

El mundo sabe bien quién eres tú, aun los más escépticos; pero no te creen. Le dije.

Yo soy el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios, yo cree el mundo y todo lo que en él existe, yo vine a salvar al mundo, vine a la tierra a morir en vuestro lugar. Quien a mí viene, no lo rechazo, y ningún hombre podrá destruirlo mientras en su corazón vivía el amor.

Dominado por el respeto y la veneración quise arrodillarme ante Él, pero mi vergüenza de ser pequeño y miserable me paralizaba, me impedía moverme de mi lugar y proferir una palabra; pero cobré ánimo y le dije: -Señor, quiero abrirte mi corazón, pero mi espíritu esta pesado y mudo, enséñame a orar.

Y me contestó:
En lo más profundo de tu ser está mi palabra, escondida y aprisionada por ti mismo, déjala fluir como un canto de alabanza, esa será tu oración.  

Desde ese instante he seguido su sendero y sus pasos, para oír la palabra directamente de sus labios. Jesucristo vive en mi alma, en mi cuerpo, en mi lengua, él es todo mi ser. El mitigó el hambre de los hambrientos, y dio de beber a los sedientos.
Su amor me alcanza todos los días, sus palabras son tan delicadas que los hombres no alcanzan a percibirlas, el vecino, el peregrino, el forastero y demás amigos del camino las pueden escuchar. El prójimo es usted mismo en otro cuerpo, que se hace visible a sus ojos para hacerle ver su propio rostro. Por tanto, actúa con él, tal como quieres que lo hagan contigo.

Recuerda siempre que, si tu hermano cae, tú caes con él, y cuando él se levante, tú serás levantado. Tú no estás solo en la vida, yo estoy contigo y te acompaño siempre en mi espíritu por medio de tu hermano. Evita siempre la fatal caída.

Tú y tu hermano son dos semillas sembradas en la misma labranza, tú creces, él crece, él decrece, tú también. Ninguno de los dos podrá ser dueño del campo, porque vuestro hermano es vuestro propio Yo, ámalo con mi amor para amarte a ti mismo. Solo hay un Señor.

Él es humilde, justo y piadoso pero poderoso, él es el cordero de Dios inmolado, pero también es el león de Judá. Quien hay como Él, con tal poder, pero a la vez tan humilde y sencillo. 

Jesucristo es mi Vida, mi Camino, mi Verdad, mi seguridad y mi fortaleza delante de los hombres y de los demonios. Aunque muchas veces he dudado de su Amor, sobre todo cuando he pecado, porque mis alas rotas me han impedido volar.

Con mi alma de hombre libre, muchas veces me he sentido perseguido y herido por los malhechores, solo encuentro refugio en los brazos de mi Maestro, mi hacedor, mi Padre.

Mi Cristo ha roto las cadenas de esclavitud que me tenían en la cárcel de mi pasado, mientras muchos golpean el yunque con su martillo haciendo cadenas en nombre de quien ellos mismos no conocen.

En la soledad de mis noches veo y comprendo que él está conmigo, de lo contrario hace tiempo habría vuelto mi rostro al otro camino. El me hace resplandecer como la nieve de las montañas a la salida del sol. Por todo eso lo amo y me siento a sus pies, en su presencia, aunque mis fuerzas no puedan soportar mi peso, él me estrecha contra su pecho y me da nuevas fuerzas.

Para mí, Jesucristo es mucho más que un pensamiento o una doctrina, lo he visto con mis propios ojos, como luz del mediodía; en mi vida diaria, porque su naturaleza está arraigada en la mía, su Espíritu es mi espíritu. El llenó de alegría mi corazón cuando yo crecía en la tristeza.
  
Dios nos envió a su Hijo Jesucristo para que su amor se encontrara con nosotros. Fue tal su amor, que no quiso irse y decidió quedarse para siempre en nuestros corazones para que podamos encontrarnos con Él cuantas veces queramos.

Jesucristo vino a curar nuestras enfermedades y guiarnos por el camino para que podamos tener paz y alegría a lo largo de toda nuestra vida.

En ese primer momento de nuestro encuentro, quise abrazarlo y decirle que su amor es lo más grande que ser humano alguno pueda experimentar en la vida.

Quiero que sepas que Dios me ha amado siempre y nada podrá apartarme de su amor. Estoy convencido de eso, aunque muchas veces pareciera que todo nuestro yo, nos separa de Él. Mis momentos de oración se convierten en momentos de una maravillosa ternura que, realmente siento que mi amado Dios ha decidido quedarse a vivir conmigo.
  
Necesito entender cómo es el amor de Dios para con sus hijos, aunque Dios está más allá de todo lo que nosotros podemos comprender, él está a nuestro alcance.

Jesucristo fue enviado por Dios, a su pueblo porque Él no estaba a nuestro alcance, y nadie lo podía ver. La única opción era hacerse como nosotros, para dar salvación al mundo.

En vez de despreciarnos, se fundió con nosotros, se hizo hombre, "se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, haciéndose uno de tantos.

Por eso, Jesucristo dijo: "Felipe, el que me ve a mí está viendo al Padre" (Juan 14,9). Mateo 11:27. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Es decir, ver a Jesucristo es ver a Dios. Todo lo que nos puede interesar sobre Dios, lo tenemos y lo encontramos en Jesucristo.

El Dios que nos enseña la religión, es un Dios demasiado lejano, distante, incomprensible, amenazante y, a veces, una especie de rival celoso de todo aquello que a nosotros nos hace verdaderamente felices. Hasta el punto de que la fe en Dios y la esperanza en la "otra vida" se ha convertido, para mucha gente, en un peligro, una amenaza, algo a lo que se le tiene miedo.

Por lo tanto, ya casi nadie cree en las religiones ni en sus representantes, cada día se desprestigian más, respetan menos a los feligreses, los maltratan y violan sus derechos. Mostrándonos un Dios inaceptable.

Muchos creemos conocer a Dios, me refiero saber quién es Dios, cómo es Dios, lo que le gusta a Dios, lo que hay que hacer para estar cerca de Él, pero solo con nuestro vivir podremos mostrar a otros la claridad o la oscuridad en que vivimos; no hay otra manera.

El conocer a Dios es algo oculto para muchos “sabios y entendidos” de este mundo, según el criterio de Jesucristo, los que conocen a Dios son la gente simple y sencilla. Para conocer a Jesucristo, es necesario convivir con él. La vida de Jesucristo solo se hace visible en aquellos que intentan vivir como Él vivió. O sea, pensar como pensaba él, tener los criterios que tenía él, tratar a la gente como la trataba él, frecuentar las amistades que frecuentaba él, vivir con la libertad con que vivió él. Eso es ser cristiano.

Resulta sencillamente maravilloso creer por fe, que Dios es un juez justo, y un gobernante completamente honesto.

Jesucristo acogía a los pecadores, los perdonaba y los sanaba, buscaba a los “perdidos” para que se salvaran, los buscaba porque sabía lo necesitados y desamparados que estaban. Dios no rechaza a nadie, todo lo contrario: cuando Dios, el Padre, ve de lejos al hijo, siente tanta emoción que se le «conmovieron las entrañas».

Lucas 15,20. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.

A Dios no le interesan los motivos por los que el hijo vuelve a casa, lo realmente valioso es que regrese a Él. Por tal razón no le reprocha nada, ni le echa en cara lo mal que se ha portado, todo lo contrario, lo recompensa. Ese es el amor de Dios, Jesucristo mismo.

Por muy perdidos que estemos en este mundo, Dios siente el amor más fuerte y profundo por los «perdidos», a tal punto de que entregó en sacrificio a su propio hijo, a cambio nuestro.

Los religiosos observan hasta el último detalle, todo aquello que no les agrada de los demás y lo rechazan. Menosprecian a los que van por la vida como unos «perdidos», demostrando así su total desconocimiento de Dios Padre, porque un padre se relaciona con su hijo, no por lo que hace o deja de hacer, sino «porque es su hijo».

Dios se relaciona con sus hijos con generosidad, no anda calculando lo que cada uno merece, Él no le hace cuentas con sus criados. Muchos vamos por la vida como jornaleros, calculando cuanto vamos a ganar o qué nos merecemos.

La vida se siente, se palpa, se ve, es sensibilidad y sentimiento, es afecto, amor, gozo y ternura, todo lo demás es muerte. A Dios lo encontramos en las verdades que la Biblia y la Iglesia nos enseñan sobre El. Pero a Jesucristo lo encontramos en la vida, la vida que palpamos con nuestras propias manos, todo aquello que se hace vida en nosotros.

Jesucristo es quien nos revela a Dios padre, si creemos y aceptamos la enseñanza, esto es verdad. La gente ya está cansada de doctrinas que no entiende y de palabras que no les interesa, las ideas entran por el oído, pero la vida se mete por los ojos, se toca y se palpa.

El Dios en el que creemos los cristianos se nos dio a conocer en Jesucristo. Él es nuestra fe y vivimos por El. No basta el amor y el entusiasmo por la persona, es necesario entrar en su Reino.

Entre los cristianos hay quienes se entusiasman por Jesús y se imaginan que le siguen con fidelidad. Pero hacen eso de tal manera, que todo se reduce a devocionales y prácticas religiosas, meras observancias legales, con poca sensibilidad o incluso con ninguna sensibilidad ante el sufrimiento de los pobres y desvalidos de este mundo. Al parecer, el proyecto de Jesucristo no ha sido entendido por muchos.
La gran mayoría piensa que el Evangelio de Jesucristo es un proyecto revolucionario, eso y nada más que eso. De ahí que ponen todo su empeño y centran sus esfuerzos en la lucha de clases, en la justicia y los derechos humanos. Es cierto que la causa de los pobres y el dolor del mundo fue lo que movió a Jesús; pero, a quienes orientan su vida en esta dirección, les cuento que semejante proyecto es un camino extremadamente peligroso, y no lleva a nada, pues cada día se abren nuevas y peores injusticias.

¿Quién crees tú, sea el prójimo? El doctor, el sacerdote, el ladrón, o aquél que cayó en tus manos. El mandato de Dios es “ama a Dios por sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismo”.  Si todos somos hermanos, ¿por qué nos tratamos tan mal?

Dios "Padre"- Todos le debemos el ser que tenemos, por ser nuestro Creador, a Él le debemos el beneficio de la Redención. Ante él todos somos iguales, todos somos hermanos.

Por casi dos mil años Jesús ha estado cambiando las vidas de la gente en todo el mundo.

Después que Jesús se levantó de los muertos, ascendió a los cielos, al lugar donde estaba antes de hacerse hombre. Desde allí puede escuchar nuestras oraciones.

Por todo esto y por mucho mas que, solo en mi Cristo podré hallar, es que quiero con todo mi ser, mi alma, mi espíritu, y mi corazón; ser su discípulo.

Jesucristo es el Dios que yo amo y el que necesito a mi lado por siempre amen.


Jesucristo te ama y te bendice.

JoseFercho ZamPer

sábado, 6 de octubre de 2018

Justificados por fe o por obras


Desperté una mañana muy temprano, estaba soñando algo feo, soñaba en una batalla contra mí mismo, pues luchaba con mis propios miedos a la muerte y a la condenación. Decidí levantarme de la cama y orar sobre ese asunto, luego tomé la biblia y se abrió justo en Gálatas 3, “la ley y la fe”.

Repasando las lecciones de la fe y las obras, me he topado con sorpresas que me han asustado en gran manera.

A lo mejor esperaba oír que, a la final, mi palmarés me sacara del atolladero, pero en verdad estaba muy equivocado.

Me incorporé en la lista de una iglesia local hace como 30 años, pero me han tachado de ella varias veces por no generar los resultados exigidos o esperados por ellos. Entonces me he lamentado y protestado muchas veces como niño de primaria ante las malas notas, pero más por temor a la reprimenda en casa que a Dios mismo.

¿Quién nos ha robado la fe?
En las cosas de la fe, soy apenas un aficionado. Pero creo que, en realidad nadie nos ha robado nada, ni tampoco la hemos perdido, lo que puedo entrever es que nunca nos la han dado ni enseñado.

Al leer con especial atención el capítulo 3 de Gálatas, pude verme como un enano asustado al lado de un gigante del tamaño de Neptuno, mi fe está más lejos que ninguna otra cosa que hayamos conocido en la órbita celestial.

Así las cosas, no sé si aconsejarte algo sobre la fe. Pues ¿Cómo es posible que hayamos pasado tantos años leyendo y estudiando la biblia y no me haya enterado en verdad, que la fe mueve montañas y que el justo se salva por fe? Dicho en otras palabras; mi salvación depende completamente del creer y obedecer a Jesucristo, no por hacer mis labores o tareas.

De muchas me he escapado hasta ahora, y gracias a la misericordia de Dios por mí, pero creo que ahora que lo entiendo mejor, “ya no tengo escusas”. Esta verdad que es Cristo ha estado frente a mis narices, pero siempre he estado mirando a los lados, tratando de hallar en otros la verdad.

Siempre solemos quejarnos de lo que no tenemos, porque en el fondo de nuestros corazones la distancia con Dios es bastante larga. Como no podemos verlo a ojo desnudo, y el profundizar en Dios es tan difícil como bajar al fondo de los océanos sin batiscafo, preferimos lo que se ve a simple vista y lo que podemos hacer con nuestros escasos recursos.

No descontando que muchos en las iglesias son oportunistas, y solo se ocupan de las cosas que pueden saciar sus necesidades, más no de lo que agrada a Dios. Por muy cerca que tengamos a Dios, no se le puede conocer sino desde el corazón, o en una comunión espiritual con Él. El asunto es que siempre hacemos sufrir a los que más cerca están de nosotros, a quienes nos interesa porque nos aman.

Por muy cerca que lo tengamos, el verlo es casi imposible para el ser humano, pues “su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza.” Apocalipsis 1:16. Y sin santidad nadie le verá, hebreos 12:14.

En nuestra condición humana, Dios no se revela, solo en la santidad de quien se humilla y le obedece sin protestar. En los más humildes podremos observar algunos trazos del rostro de Jesucristo, dibujos que nos indican que dicha persona miró al cielo y pudo ver al Inocente, pero 
aun cuando fuera así no logró identificarlo como es.

Pasados los siglos desde aquel día glorioso en la tierra, el descubrirlo como a una fórmula matemática que muestre a la perfección su rostro, no es posible. Las vías para conocerlo son largas y tortuosas. ¡A la final muchos de esos relatos son falsos!

Con nuestros ojos carnales quizás no lo observemos nunca, pero todo va según lo previsto por él, lo más seguro es que en el cielo los dos estemos con Él.

La ley o la fe en Cristo

¡Ay gálatas tontos! ¿Quién los ha hechizado?
Pues el significado de la muerte de Jesucristo se les explicó con tanta claridad como si lo hubieran visto morir en la cruz.  Déjenme hacerles una pregunta: ¿recibieron al Espíritu Santo por obedecer la ley de Moisés? ¡Claro que no! Recibieron al Espíritu porque creyeron el mensaje que escucharon acerca de Cristo.

¿Será posible que sean tan tontos? Después de haber comenzado su nueva vida en el Espíritu, ¿por qué ahora tratan de ser perfectos mediante sus propios esfuerzos? ¿Acaso han pasado por tantas experiencias en vano? ¡No puede ser que no les hayan servido para nada! Vuelvo a preguntarles: ¿acaso Dios les da al Espíritu Santo y hace milagros entre ustedes porque obedecen la ley? ¡Por supuesto que no! Es porque creen el mensaje que oyeron acerca de Cristo. Del mismo modo, «Abraham le creyó a Dios, y Dios lo consideró justo debido a su fe». Así que los verdaderos hijos de Abraham son los que ponen su fe en Dios.

Muchos cristianos estamos enfrascados en una estéril discusión teológica por definir si debemos cumplir con la ley de las obras, o la fe de la gracia.

Existen muchas doctrinas confusas, donde siempre ha estado envuelta la economía religiosa, interminables y caóticas ideas de salvación por obras.

Si Jesucristo vino a darse como sacrificio por todas las naciones, y su mensaje fue anunciado desde el principio de la historia humana. ¿Porque aún muchos seguimos actuando bajo la ley, o haciendo sacrificios por alcanzar la salvación, acaso su sacrificio no fue suficiente?

Nuestras obras pueden ser buenas o malas, pero por hacer buenas obras no obtendré vida eterna, pues según se ve, uno puede hacer buenas obras y no creerle a Jesucristo, en tal caso se condena.

 “No por obras, para que nadie se gloríe” Efesios 2:9. Sin embargo “la fe sin obra es muerta “Santiago 2:17-20.

Cuando se vive de acuerdo con la Palabra de Dios, se obra conforme a ella, pero si no creemos en Jesucristo, este obrar no es suficiente. Jesucristo murió por mis pecados, para darme la oportunidad de salvación por su sacrificio, el cual hizo sin que yo lo mereciera. Es un favor inmerecido.

La capacidad de ver más allá de lo material, de lo humano y limitado, solo se adquiere por la fe del hijo de Dios; Jesucristo. Pablo revela que la salvación es un acto de pura fe y que somos justificados por la fe para tener paz con Dios.

El hombre natural puede creer un cúmulo de verdades, pero creer en Jesucristo y obedecerlo, es fe pura, la que da gozo, paz y salvación. No es guardar la ley, o los sábados, sino que Cristo viva en mi corazón, quien hace mi vida santa.

Con renunciar a: vestir, comer, pasear, o encerrarme en un convento y aplicarme a preceptos de hombres tratando de escapar de mí mismo, no voy a encontrar paz en mi corazón, es viviendo en este mundo sin contaminarme, siendo sincero, y no aparentar lo que en realidad no soy, y reconocer que soy justificado por la obra de Cristo. Así es como podremos acercarnos confiadamente al tono de gracia.

La respuesta solo está en la palabra de Dios, pero depende de cómo la entienda cada uno. Los evangelios establecen la forma correcta en que podemos hallar a Jesucristo.  


Jesucristo te ama y te bendice.

JoseFercho ZamPer

Sobre lo que crees.

Lo que se puede saber de la biblia se remonta a miles de años atrás. Jesucristo es el personaje central de la historia bíblica, su vida y ...