miércoles, 24 de junio de 2026

La Próstata.

 


Un día cualquiera, experimenté algunos problemas al tratar de orinar.

Me gusta caminar, e ir a distintos lugares a conocer pueblos y caminos.

Un día fuimos hasta el pueblo de Güicán en Boyacá, con el propósito de subir al nevado del Cocoy.

Un viaje demasiado largo, y llegando el frío me congeló la orina.

De ahí surgió la obligación de ir al médico, y la opción urgente fue ponerme sonda.

Días después ya en casa, comencé los trámites para revisión de fondo, después de varios meses la conclusión fue “operación”.

 Se programó para el siguiente mes y así pasó.

 El día indicado, muy a tiempo estuve para dicha operación.

Al quirófano me llevaron, después de varias horas estaba en la habitación.

Todo salió bien, me dijo el médico.

Gracias doctor respondí, bastante inconsciente de la situación.

Por las 24 horas siguientes me sentía mejor, ya en la tarde todo parecía ir en peor.

Los alimentos no se quedaban en el estómago, se devolvían por el mismo camino por donde ingresaban, al día siguiente todo se me nubló.  

Llamaron a la gastroenteróloga, me vio tan mal que de inmediato programó operación.

Después de algún tiempo desperté y me encontré amarrado y entubado, me impedía hasta la respiración.

 

¿Qué paso? Pregunte.

La respuesta fue, “ya estas mejor”

Tal ves hayan dicho algo más, pero no recuerdo nada más, pues estaba bajo sedación.  

Al rato pude oír la voz de mi hija quien me hablaba con alegría y emoción, pues la situación había sido bastante difícil en ese tiempo de agitación.

Mis recuerdos son bastante vagos de aquellos momentos. Creo que escuché la voz del pastor de la iglesia a donde he asistido unas veces por oración.

Recuerdo que me tomó de la mano y oro por mí.

Al poco tiempo sentí que me fui.

No sabía qué hacer, tenía alucinaciones. ¿O estaba en algún lugar a donde algún demonio me había empujado?

Sinceramente temía por mi vida. Era un lugar deshabitado, donde no se podía vivir.

Quería salir corriendo de allí, pero estaba atado o amarrado a alguna roca o algo así. 

Solo movía los pies como defendiéndome de lo negativo de allí. 

 Miraba asustado tanta oscuridad.  —¡No lo comprendo! ¡Tal vez nadie lo comprenda!

Sentí mucho miedo. ¿acaso estoy loco?

Señor, te pido que me saques de aquí. Por favor.

Una cosa era segura: sentía una clase de paz y de confianza de que saldría de allí.

Muchas personas pierden la fe en medio de las dificultades, y no permiten actuar a Dios en sus vidas.

Te suplico Dios mío, sácame de aquí, mis fuerzas están agotadas. Yo no puedo resistir mucho tiempo aquí.

¿Por qué estoy vagando por estos lugares tan aterradores? Me pregunté.

¿Qué mal he hecho, para que me trates de esa manera?

La cueva era oscura, fría y húmeda. Hace muy poco estaba rodeado de personas, ahora estoy solo. Me estremecí.

No tengo idea de dónde estoy, lo cierto es que algo extraño pasaba en mí.

Tanta oscuridad me dejo pasmado. Analizaba dicho lugar, pero nada tenía sentido.

Al rato sentía como que me miraban, como una presencia extraña allí, y en medio de la oscuridad se alcanzaba a notar como ojos que brillaban, como animales carroñeros en las grietas de la caverna, eran como ratas, cuervos y como hienas hambrientas al acecho.

No había nadie con quien hablar acerca de mi situación. A quien preguntarle ¿Dónde estoy? Solo sombrías imágenes acudían a mi mente.

En ese agujero oscuro y frío donde no se oía ningún ruido, solo el que hacían esas alimañas que trataban de morderme.

Mi esperanza estaba en Dios, a El clamé con angustia; “Señor, Dios mío, perdona mis pecados y hazme justicia, no permitas que perezca en este lugar”.

 

En vista de que nadie estaba por ahí que me ayudara, mi temor era que esos bichos me atacaran, entonces comencé a mover mis pies como tratando de defenderme. Los pies sí los tenía sueltos.

Luego de analizar y observar, y no entender nada, comprendí que estaba solo.

Así estuve por un buen tiempo, mas no veía que algo cambiara.

 La mayoría de la gente vagan por el mundo sin saber a dónde ir, creen en un Dios invisible, a quien nadie es capaz de entender ni comprender. Un Dios a quien nadie conoce. Son solo hipótesis.

 Tratando de que alguien me viera movía los pies, a la vez evitaba que los animales que sentía por ahí se me acercaran.

 Al rato escuché voces, y vi algo de luz que entraba por alguna rendija.

Creo que pasaron varios días en esa triste y dolorosa situación.

 En un momento cualquiera volví a la vida, a la luz. Vi a mi hija a mi lado quien me dijo con una triste alegría, “papito despertaste”.

Una doctora me dijo “don José, ya estas bien,” creo que algo respondí, pero en realidad no recuerdo pues estaba bastante perplejo y no comprendía aun nada.

 Me desperté con ganas de vivir. Por fin me sentía libre.

Nunca había tenido una experiencia semejante.

Pero, al día siguiente, me encontré ya con la realidad de lo sucedido.

No encuentro explicación a esa experiencia, lo cierto es que ya me sentía en otro plano o en otra realidad donde veía personas y las escuchaba, y al parecer ellos también me veían.

 Un tiempo después volví a una nueva experiencia menos traumática pero bastante extraña. Me encontré en algún lugar de la naturaleza donde había prados y agua corriente, también veía siluetas humanas como de niños, era relajante, pero bastante psicodélico. Como cuando una persona se traba con hongos, eso decían…

 Tiempo después, el lugar donde me encontraba se veía lleno de colores en todas las paredes, como una discoteca. Lo loco de esos colores era que se comenzaron a alinearse y a pasar por un hueco que había en una esquina de dicho lugar, y eso me hacía sentir mejor, era como si jugara a acomodarlos en algún orden e irlos sacando del cuarto hasta que no quedaran allí. Y de esa manera me iba recuperando de mi estado calamitoso en que me encontraba.

 Al cabo de un tiempo volví a recobrar la conciencia y pude ver mejor y reconocer a quienes estaban ahí, alguno de mis hijos y al personal médico.

En ese momento ya no tenia tantos tubos en mi boca y nariz, y comencé a balbucear algunas palabras.

Entonces pregunté dónde estaba, y qué me había pasado.

Me respondieron que estaba en la UCI, que después de la segunda operación estaba muy mal, entonces me habían metido en un coma inducido.

Ya después fui dándome cuenta de esa realidad, pues escuchaba a otros pacientes quejarse y pedir ayuda, y sentía un frio terrible por el aire acondicionado.

Con el paso de los días me sentía más consciente y percibía todo de mejor manera, entonces me fueron liberando las manos con el compromiso de no quitarme los cables y la manguera que aun tenia en la nariz para alimentarme.

Me fui dando cuenta de que tenía varias sondas puestas, una para orinar, otra para sacar los fluidos de la operación, unas mangueras en el brazo para alimentación y el suero y otra para los antibióticos. Fue todo un golpe para mí, pues nunca había estado en un hospital, tan solo de visita.

 Después supe lo que había pasado. Durante la operación de la próstata se les fue la mano y me cortaron el intestino, pero no se informó a los demás médicos.

Esto me contamino de materia fecal por dentro, por tal razón me sometieron a una operación para descontaminarme de tal infección.

Por eso me entubaron y me amarraron para poder realizar todos los procedimientos necesarios sin que me opusiera.

 Aun no estoy seguro de cuánto tiempo estuve en la UCI, pero creo que fueron unos ocho días. De los cuales estuve unos cuatro días inconsciente.

 Un viernes en la noche me pasaron a habitación, aun tenía la sonda en la nariz para alimentarme, pero esa noche en medio de la traba que tenía de tantos medicamentos, tuve una pesadilla tan loca que terminé quitándome la sonda de la nariz.

 Gracias a Dios no hubo consecuencias, solo que me comenzaron a dar alimentación por la boca.

Estuve otros ocho días en habitación.

Cada mañana pasaban los médicos y me decían, “don José, como estas de bien”.

Un médico me llamó, “Moises”, pues había sido rescatado. Según él.

Poco a poco me fui enterando lo grave que estuve durante la segunda operación, y al ver la severa herida que tenia en mi abdomen, pude comprenderlo mejor.

Ya en casa estoy cuidándome en todo lo que me recomendaron, alimentación y ejercicio, pero con cuidado, usando la faja par evitar la fuerza en el abdomen.  

Las pesadillas nos sacuden el sueño, pero no era una pesadilla, fue una realidad.

Poco a poco concilié el sueño. No sabía si soñaba o si volaba. Las imágenes en mi mente desfilaban confusamente. Lucho con perseverancia y amor para que la claridad permanezca en mi mente y en mi corazón.

 Sólo dentro de mí había tinieblas. Sólo dentro de mí temblaban los cimientos de mi vida.

Estuve tres días entre la vida y la muerte. Pero, Dios había tomado su decisión a favor de la vida.

Por fin me hallaba de nuevo en casa, el precio que había tenido que pagar por volver a mi libertad fue luchar contra la oscuridad dentro de mí.

¡Qué maravilloso volver a ver el sol! Sentir su calor.

Abazar a la familia y a todos quienes me aman y amo yo.

 Después de estudiar diferentes tendencias cristianas me sentía inconforme.

Lo mejor que se hace por los demás es averiguar acerca de sus vidas para luego señalarlos con el dedo.

De repente nos convertimos en “asesores en asuntos religiosos”.

A veces me da la impresión de que “a nadie le importa la situación personal del otro”, y eso me produce angustia.

La sensibilidad religiosa se convierte en algo más valioso que los miembros de la iglesia.

Perdemos la libertad de Dios por nuestro propio comportamiento.

Pero, esa hipocresía nos lleva a tomar malas decisiones que nos impiden encontrar el camino a casa.

Sólo cuando los hombres obedezcan a Dios, habrá paz en la tierra.

Siempre hay algo bajo la superficie, que no hacemos bien. Pero ¿qué es?

Todos sabemos que hay que tener consideración con los débiles. Pero en la práctica sacrificamos a otros en favor nuestro.

 En tiempo de angustia clamé al Señor, y me libro de todos mis temores.

 

Jesucristo nos ama y nos bendice.

 

JoseFercho ZamPer.

 

 

 

 


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