Jesús nos
enseñó algo muy íntimo y transformador para el momento de la oración, nos
enseñó a pedir y a dar por recibido.
Sus palabras
tienen poder, pero quizá el problema es que aprendimos a hablarle a Dios como
si estuviera lejos, como si hubiera que convencerlo, como si hubiera que
moverlo desde el cielo hacia nuestra vida.
Dios no está
distante de ti, su Reino no está perdido en algún lugar del universo, el poder
no empieza afuera, empieza dentro.
Jesús lo dijo
con una claridad que todavía hoy puede sacudir una vida entera, el Reino de
Dios está entre vosotros.
No dice el
Reino, vendrá algún día si sufres lo suficiente. Dice que está entre vosotros y
eso es verdad, entonces la oración no puede ser solo una súplica lanzada hacia
arriba. La oración verdadera tiene que ser una mirada hacia dentro. Por eso
Jesús dijo, cuando ores entra en tu aposento y cerrada la puerta ora a tu padre
que está en secreto.
Ese aposento es
tu interior, es el lugar donde dejas de negociar con las apariencias y empiezas
a encontrarte con la presencia. Porque afuera están los hechos, las voces, los
diagnósticos, los recuerdos, las opiniones, los miedos, los plazos, pero dentro
está el lugar donde todo puede ser asumido antes de ser visto. Y ahí está la
diferencia.
Jesús enseñó en
Marcos 11:24, dijo todo lo que pidierais orando creed que lo recibiréis y os
vendrá.
La clave está
en creer que ya se ha recibido. No es una esperanza débil mirando al futuro. Es
una aceptación interior que se instala en el presente.
No es repetir
palabras hasta que algo externo se rinda, es sentir, que aquello que parecía
lejano ya tiene existencia interior. Es permitir que tu imaginación deja de ser
un refugio de fantasías y se convierta en el templo donde aceptas lo que Dios
ya hizo.
El espíritu de
Dios mora en nosotros, si esto se comprende de verdad cambia toda la estructura
de tu vida.
Cuando decía,
tu fe te ha salvado, no estaba diciendo, tu desesperación te salvó, tu drama te
salvó, estaba señalando una convicción interna tan profunda que reorganiza la
relación entre el alma y la experiencia.
La fe no es
gritar que crees mientras el corazón tiembla de abandono, la fe es permanecer
en una verdad interna, aunque los sentidos todavía no te aplaudan.
Por eso decía,
buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os
serán añadidas. Mateo 6:33.
No dice,
persigue primero todas las cosas y luego, cuando estés tranquilo, busca el
Reino, dice. Busca primero el Reino, la conciencia, la comunión interior y
entonces lo demás encuentra su camino.
Significa
aprender a mirar los hechos sin permitir que los hechos definan tu identidad.
No basta con
pedir, debes entrar, no basta con repetir, debes asumir, no basta con esperar,
debes habitar.
Cuando Jesús
sanaba no entraba en largas negociaciones con el problema. Hablaba desde la
autoridad, decía palabras contundentes, levántate sé limpio, tu fe te ha
salvado.
Es un llamado a
dejar de hablar de Dios como concepto y empezar a experimentarlo como presencia
viva, porque mientras Dios sea solo una idea heredada, tu oración será débil.
Pero cuando Dios se vuelve experiencia interna, la fe se vuelve práctica y el
silencio se vuelve creador.
El problema es
que muchas personas prefieren ruido espiritual, palabras, explicaciones,
fórmulas, métodos interminables, porque en el silencio ya no puedes esconderte.
En el silencio
se ve quien ocupa el trono, la promesa de Dios o la apariencia del día.
Dios no está
lejos, el Reino no está perdido.
Cuando una
verdad empieza a vivir dentro de ti, tarde o temprano encuentra la forma de
expresarse en tu mundo.
Entonces lo
que necesitamos es sabiduría.
Dios nos invita
a pedirle cosas buenas a nuestro padre en el cielo.
Jesús dice,
pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá porque todo
el que pide recibe y el que busca encuentra. Y al que llama se le abrirá.
Esa sabiduría
surge de depender profundamente de Dios, de su presencia, y nos invita a ver a
Dios como un padre bueno, al que le encanta darnos cosas buenas. Se trata de
pedirle a nuestro padre en el cielo lo que necesitamos.
Porque en Mateo
7:1-12 empieza con el famoso no juzguen para que no sean juzgados. Luego viene
la parábola de la viga y La mota en el ojo. Después el pequeño acertijo sobre
las perlas santas y los puercos, y después justo después pidan y recibirán,
busquen y encontrarán, porque al pedirle a nuestro padre celestial, él nos dará
las cosas buenas que necesitamos.
Mateo 7:1-12
No juzguéis, para que no seáis juzgados. porque con el juicio con que juzgáis, seréis
juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la
paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu
propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame
sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo ¡Hipócrita! saca
primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del
ojo de tu hermano. No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas
delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.
La oración,
y la regla de oro
Lucas 11.9-13;
6.31.
Pedid, y se os
dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide,
recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de
vosotros, que, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 10 ¿O si le pide un
pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar
buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los
cielos dará buenas cosas a los que le pidan? Así que, todas las cosas que
queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con
ellos; porque esto es la ley y los profetas.
Jesús es la
presencia misma de Dios hecho humano y nos invita a formar parte de esa
conexión íntima de amor que él mismo comparte con el padre. Nos invita a estar
con él, a aprender a relacionarnos con su padre como nuestro padre y por eso la
oración es la clave.
Lo que esto nos
muestra es que en esta enseñanza Jesús está invitando a sus discípulos a ver al
padre como él lo ve y a relacionarse con el padre celestial de la manera que él
lo hace. Jesús nos invita a ponernos en su lugar y a unirnos a él para
dirigirnos juntos al padre.
Jesús nos está
invitando a formar parte de esa visión junto a él. Él dijo, Dios cuidará de
ustedes, no se preocupen.
Dios nos ama
tanto porque somos sus hijos y él quiere darnos cosas buenas y quiere que le
pidamos esas cosas buenas.
Si eso es lo
que un padre hace por sus hijos, cuánto más su padre celestial.
En las dos
enseñanzas dice que nuestro padre celestial sabe lo que necesitamos, así que
debemos pedírselo.
Santiago 1:5-7.
Si alguno de ustedes les falta sabiduría, pídasela a Dios que da a todos
generosamente y sin reproche y le será dada.
Sabiduría para
que sepan discernir lo bueno y lo malo, esa sabiduría surge de depender
profundamente de Dios, de su presencia y de su voz mientras habla contigo día
tras día.
Juan 14:13,
todo lo que pidan en mi nombre, yo lo haré para que el padre sea glorificado en
el hijo. Si me piden algo en mi nombre, yo lo haré.
Todo esto nos
muestra que, en nuestro tiempo de oración, hay mucho por expresarle al Señor. Pasar
tiempo a solas con Dios es la única manera de profundizar nuestra relación con Él.
Hacernos uno
con Jesucristo por medio de su Espíritu, es la garantía de tener una excelente y
productiva relación de vida con Dios padre.
Jesucristo
te ama y te bendice.
JoseFercho
ZamPer.
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