jueves, 4 de junio de 2026

Jesús nos enseñó a dar por recibido.


 Jesús nos enseñó algo muy íntimo y transformador para el momento de la oración, nos enseñó a pedir y a dar por recibido.

 Sus palabras tienen poder, pero quizá el problema es que aprendimos a hablarle a Dios como si estuviera lejos, como si hubiera que convencerlo, como si hubiera que moverlo desde el cielo hacia nuestra vida.

 Dios no está distante de ti, su Reino no está perdido en algún lugar del universo, el poder no empieza afuera, empieza dentro.

 Jesús lo dijo con una claridad que todavía hoy puede sacudir una vida entera, el Reino de Dios está entre vosotros.

 No dice el Reino, vendrá algún día si sufres lo suficiente. Dice que está entre vosotros y eso es verdad, entonces la oración no puede ser solo una súplica lanzada hacia arriba. La oración verdadera tiene que ser una mirada hacia dentro. Por eso Jesús dijo, cuando ores entra en tu aposento y cerrada la puerta ora a tu padre que está en secreto.

 Ese aposento es tu interior, es el lugar donde dejas de negociar con las apariencias y empiezas a encontrarte con la presencia. Porque afuera están los hechos, las voces, los diagnósticos, los recuerdos, las opiniones, los miedos, los plazos, pero dentro está el lugar donde todo puede ser asumido antes de ser visto. Y ahí está la diferencia.

 Jesús enseñó en Marcos 11:24, dijo todo lo que pidierais orando creed que lo recibiréis y os vendrá.

 La clave está en creer que ya se ha recibido. No es una esperanza débil mirando al futuro. Es una aceptación interior que se instala en el presente.

 No es repetir palabras hasta que algo externo se rinda, es sentir, que aquello que parecía lejano ya tiene existencia interior. Es permitir que tu imaginación deja de ser un refugio de fantasías y se convierta en el templo donde aceptas lo que Dios ya hizo.

 El espíritu de Dios mora en nosotros, si esto se comprende de verdad cambia toda la estructura de tu vida.

Cuando decía, tu fe te ha salvado, no estaba diciendo, tu desesperación te salvó, tu drama te salvó, estaba señalando una convicción interna tan profunda que reorganiza la relación entre el alma y la experiencia.

 La fe no es gritar que crees mientras el corazón tiembla de abandono, la fe es permanecer en una verdad interna, aunque los sentidos todavía no te aplaudan.

 Por eso decía, buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Mateo 6:33.

 No dice, persigue primero todas las cosas y luego, cuando estés tranquilo, busca el Reino, dice. Busca primero el Reino, la conciencia, la comunión interior y entonces lo demás encuentra su camino.

 Significa aprender a mirar los hechos sin permitir que los hechos definan tu identidad.

 No basta con pedir, debes entrar, no basta con repetir, debes asumir, no basta con esperar, debes habitar.

 Cuando Jesús sanaba no entraba en largas negociaciones con el problema. Hablaba desde la autoridad, decía palabras contundentes, levántate sé limpio, tu fe te ha salvado.

 Es un llamado a dejar de hablar de Dios como concepto y empezar a experimentarlo como presencia viva, porque mientras Dios sea solo una idea heredada, tu oración será débil. Pero cuando Dios se vuelve experiencia interna, la fe se vuelve práctica y el silencio se vuelve creador.

 El problema es que muchas personas prefieren ruido espiritual, palabras, explicaciones, fórmulas, métodos interminables, porque en el silencio ya no puedes esconderte.

 En el silencio se ve quien ocupa el trono, la promesa de Dios o la apariencia del día.

 Dios no está lejos, el Reino no está perdido.

 Cuando una verdad empieza a vivir dentro de ti, tarde o temprano encuentra la forma de expresarse en tu mundo.

Entonces lo que necesitamos es sabiduría.

 Dios nos invita a pedirle cosas buenas a nuestro padre en el cielo.

 Jesús dice, pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá porque todo el que pide recibe y el que busca encuentra. Y al que llama se le abrirá.

 Esa sabiduría surge de depender profundamente de Dios, de su presencia, y nos invita a ver a Dios como un padre bueno, al que le encanta darnos cosas buenas. Se trata de pedirle a nuestro padre en el cielo lo que necesitamos.

 Porque en Mateo 7:1-12 empieza con el famoso no juzguen para que no sean juzgados. Luego viene la parábola de la viga y La mota en el ojo. Después el pequeño acertijo sobre las perlas santas y los puercos, y después justo después pidan y recibirán, busquen y encontrarán, porque al pedirle a nuestro padre celestial, él nos dará las cosas buenas que necesitamos.

 Mateo 7:1-12

 No juzguéis, para que no seáis juzgados.  porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?  ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

 La oración, y la regla de oro

Lucas 11.9-13; 6.31.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 10 ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

 Jesús es la presencia misma de Dios hecho humano y nos invita a formar parte de esa conexión íntima de amor que él mismo comparte con el padre. Nos invita a estar con él, a aprender a relacionarnos con su padre como nuestro padre y por eso la oración es la clave.

 Lo que esto nos muestra es que en esta enseñanza Jesús está invitando a sus discípulos a ver al padre como él lo ve y a relacionarse con el padre celestial de la manera que él lo hace. Jesús nos invita a ponernos en su lugar y a unirnos a él para dirigirnos juntos al padre.

 Jesús nos está invitando a formar parte de esa visión junto a él. Él dijo, Dios cuidará de ustedes, no se preocupen.

 Dios nos ama tanto porque somos sus hijos y él quiere darnos cosas buenas y quiere que le pidamos esas cosas buenas.

 Si eso es lo que un padre hace por sus hijos, cuánto más su padre celestial.

  En las dos enseñanzas dice que nuestro padre celestial sabe lo que necesitamos, así que debemos pedírselo.

 Santiago 1:5-7. Si alguno de ustedes les falta sabiduría, pídasela a Dios que da a todos generosamente y sin reproche y le será dada.

 Sabiduría para que sepan discernir lo bueno y lo malo, esa sabiduría surge de depender profundamente de Dios, de su presencia y de su voz mientras habla contigo día tras día.

 Juan 14:13, todo lo que pidan en mi nombre, yo lo haré para que el padre sea glorificado en el hijo. Si me piden algo en mi nombre, yo lo haré.

 Todo esto nos muestra que, en nuestro tiempo de oración, hay mucho por expresarle al Señor. Pasar tiempo a solas con Dios es la única manera de profundizar nuestra relación con Él.  

 Hacernos uno con Jesucristo por medio de su Espíritu, es la garantía de tener una excelente y productiva relación de vida con Dios padre.

 

Jesucristo te ama y te bendice.

JoseFercho ZamPer.

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