martes, 21 de julio de 2026

Mi respuesta al Señor.

 


Si tengo un encuentro con Dios,

mi alma no responde con discursos,

sino con temor y temblor,

como hoja que mueve el viento

sin saber a dónde será llevada.

 

Su llamado es como:

una luz que ilumina lo oscuro,

una pregunta que desarma el alma,

un silencio que me nombra.

 

Y yo, asustado, apenas puedo decir:

“Aquí estoy Señor”

aunque no sé cómo seguir tus pasos.

 

Responder es abrir el corazón

para que Él entre sin prisa,

y alumbre mis sombras,

para que me enseñe a caminar

sin esconder mis heridas.

 

Es escuchar su voz

como quien escucha el agua

que baja sobre la roca

no para entenderla,

sino para dejar que lave.

 

Es obedecer con pasos torpes,

con manos que aún tiemblan,

con la certeza de que su gracia

es más grande que mis miedos.

 

Y al final, responder a Dios

es convertir la vida entera

en un susurro que dice:

“Toma mi historia, Señor,

haz de ella un camino donde otros

puedan encontrar tu luz.”

 

JoseFercho ZamPer

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