lunes, 21 de julio de 2025

La regla de oro.

 


¿Cuál es la regla de oro?

 Mateo 7:12. Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

 “Haz con los demás como quieres que hagan contigo”.

“Trata a otros, cómo te gustaría ser tratado” 

“Todo lo que deseas que la gente haga por ti, hágalo también usted por ellos”.   

 En Mateo 5:17. No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.

 Cumplir la ley y los profetas significa vivir, según lo que Jesús considera una rectitud mayor.

 Hacer lo correcto ante Dios es la forma más elevada y auténtica de vivir, siendo generosos con todos los que nos rodean, incluso cuando surgen conflictos con las personas que consideramos nuestros enemigos.

 Dentro del contexto del Evangelio, la “regla de oro” es el principio más básico e importante para cumplir.

 Esta regla no reemplaza la torá, sino que expresa su verdadero propósito en cuanto a las relaciones humanas, o sea su cumplimiento. Es el impulso ético, la sabiduría hacia la que todas esas leyes de la torá apuntan. Todo lo que el ser humano desea para sí mismo, entonces deséalo también por el otro.

 Todos buscamos esa clase de rectitud, de comunidad, de vida, de relaciones en las que nos tratemos unos a otros con justicia, equidad y generosidad.

 Haga por los demás lo que quieres que hagan contigo. No juzgues, no critiques, no robes, no mates, no desee lo del prójimo, “no hagas nada que dañe al prójimo, para que no te lo hagan a ti… esa es la cuestión.

 Se generoso, amable, cariñoso, compasivo y misericordioso etc. Porque con la misma medida con que midas a otros serán medidos ustedes. Si quieres algo positivo de los demás, eso es lo que tú deberías hacer por ellos. Esa es la idea.

 Alguien le preguntó a Jesucristo, ¿Cuál es el más importante de los mandamientos?

 El respondió; amarás al señor, tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser con toda tu alma y con toda tu mente. y añade, este es el mandamiento más grande y el primero, el segundo es como éste, Ama a tu prójimo como a ti mismo.

 Y luego concluye diciendo de estos dos mandamientos dependen toda la torá y los profetas.

 Ambos mandamientos son reflejos distintos de una misma verdad. “El Amor”.

El amor de Dios se manifiesta en ti en la medida que tú lo buscas, y se demuestra en cómo te relacionas con su prójimo.

 En Cómo te relacionas con el prójimo, de esa forma se demuestra tu amor por Dios.

Amando a tu prójimo como a ti mismo, desde el amor de Dios.

 Ciertamente puedes ayudar a tu hermano en la medida en que tú tienes algo que dar.

 Una vez que saques la viga de tu propio ojo, entonces podrás ver la paja en ojo ajeno.

O, Si vas a juzgar hazlo con rectitud, si no el culpable serás tú.

  Así como hay cientos de mandamientos, así mismo se pueden resumir en practicar la justicia, servir al prójimo, ser humilde, hacer la voluntad de Dios.  Búsquenme y vivirás.

 Una interpretación creativa de ese “como a ti mismo” es, si me amo a mí mismo, evitaré hacerme daño. Entonces haré lo mismo con el otro, evitarle el daño.

 Una persona adicta se hace daño, arruina su vida, por ende, le hará daño a los demás. De ahí la necesidad de amar a Dios por sobre todas las cosas. De tal forma que sea el amor de Dios lo que podamos dar al prójimo, y no lo que tenemos, porque “uno da de lo que tiene”.

 En conclusión, Si no amo a Dios, no lo obedezco, entonces no me amo a mi mismo, por ende, Soy mi peor enemigo. De tal manera que no podré amar a otros en verdad.

 Todo esto me hace pensar qué tan difícil es conocernos y ser sinceros con nosotros mismos, por eso, todo el tiempo nos estamos haciendo daño y lo hacemos a otros.

 Esa es la cuestión, aunque intentamos haces el bien, nos saboteamos a nosotros.

No menosprecies a tu hermano, siempre piensa en hacer lo mejor él.

¿Quién soy yo? ¿Y, cómo me amo a mí mismo? Y, ¿Quién es mi prójimo?

 El prójimo desde la perspectiva de Jesucristo es “tu semejante, otro ser humano”. Y Nosotros fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios.

 La forma en que amas a Dios se expresa en cómo amas a la gente, amar a la gente es una expresión de tu amor por Dios.

 Por eso, el corazón humano necesita una alineación para que su deseo se alinee con el deseo de Dios. Mi deseo puede convertirse en el deseo de Dios para que entonces pueda ser nuestro deseo.

 Entonces Jesucristo va a cambiar el enfoque de forma notable, si aprendemos a vivir conforme a la voluntad de Dios.

 Pienso que el mensaje o la enseñanza de la “regla de oro” consiste en “amarnos a nosotros mismos desde el amor de Dios”, para así poder amar al prójimo.

 Jesucristo te ama y te bendice.

 

JoseFercho ZamPer.

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