¿Cuál es la regla de oro?
Mateo 7:12. Así que, todas las cosas que
queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con
ellos; porque esto es la ley y los profetas.
“Haz con los demás como quieres que hagan
contigo”.
“Trata a otros, cómo te gustaría ser
tratado”
“Todo lo que deseas que la gente haga por ti,
hágalo también usted por ellos”.
En
Mateo 5:17. No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he
venido para abrogar, sino para cumplir.
Cumplir la ley y los profetas significa
vivir, según lo que Jesús considera una rectitud mayor.
Hacer lo correcto ante Dios es la forma más
elevada y auténtica de vivir, siendo generosos con todos los que nos rodean,
incluso cuando surgen conflictos con las personas que consideramos nuestros
enemigos.
Dentro del contexto del Evangelio, la “regla
de oro” es el principio más básico e importante para cumplir.
Esta regla no reemplaza la torá, sino que
expresa su verdadero propósito en cuanto a las relaciones humanas, o sea su
cumplimiento. Es el impulso ético, la sabiduría hacia la que todas esas leyes
de la torá apuntan. Todo lo que el ser humano desea para sí mismo, entonces
deséalo también por el otro.
Todos buscamos esa clase de rectitud, de
comunidad, de vida, de relaciones en las que nos tratemos unos a otros con
justicia, equidad y generosidad.
Haga por los demás lo que quieres que hagan
contigo. No juzgues, no critiques, no robes, no mates, no desee lo del prójimo,
“no hagas nada que dañe al prójimo, para que no te lo hagan a ti… esa es la
cuestión.
Se generoso, amable, cariñoso, compasivo y
misericordioso etc. Porque con la misma medida con que midas a otros serán
medidos ustedes. Si quieres algo positivo de los demás, eso es lo que tú
deberías hacer por ellos. Esa es la idea.
Alguien le preguntó a Jesucristo, ¿Cuál es
el más importante de los mandamientos?
El respondió; amarás al señor, tu Dios con
todo tu corazón, con todo tu ser con toda tu alma y con toda tu mente. y añade,
este es el mandamiento más grande y el primero, el segundo es como éste, Ama a
tu prójimo como a ti mismo.
Y luego concluye diciendo de estos dos
mandamientos dependen toda la torá y los profetas.
Ambos mandamientos son reflejos distintos
de una misma verdad. “El Amor”.
El amor de Dios se manifiesta en ti en la
medida que tú lo buscas, y se demuestra en cómo te relacionas con su prójimo.
En Cómo te relacionas con el prójimo, de esa
forma se demuestra tu amor por Dios.
Amando a tu prójimo como a ti mismo, desde
el amor de Dios.
Ciertamente puedes ayudar a tu hermano en
la medida en que tú tienes algo que dar.
Una vez que saques la viga de tu propio
ojo, entonces podrás ver la paja en ojo ajeno.
O, Si vas a juzgar hazlo con rectitud, si
no el culpable serás tú.
Así como
hay cientos de mandamientos, así mismo se pueden resumir en practicar la
justicia, servir al prójimo, ser humilde, hacer la voluntad de Dios. Búsquenme y vivirás.
Una interpretación creativa de ese “como a
ti mismo” es, si me amo a mí mismo, evitaré hacerme daño. Entonces haré lo
mismo con el otro, evitarle el daño.
Una persona adicta se hace daño, arruina su
vida, por ende, le hará daño a los demás. De ahí la necesidad de amar a Dios
por sobre todas las cosas. De tal forma que sea el amor de Dios lo que podamos
dar al prójimo, y no lo que tenemos, porque “uno da de lo que tiene”.
En conclusión, Si no amo a Dios, no lo
obedezco, entonces no me amo a mi mismo, por ende, Soy mi peor enemigo. De tal
manera que no podré amar a otros en verdad.
Todo esto me hace pensar qué tan difícil es
conocernos y ser sinceros con nosotros mismos, por eso, todo el tiempo nos
estamos haciendo daño y lo hacemos a otros.
Esa es la cuestión, aunque intentamos haces
el bien, nos saboteamos a nosotros.
No menosprecies a tu hermano, siempre
piensa en hacer lo mejor él.
¿Quién soy yo? ¿Y, cómo me amo a mí mismo?
Y, ¿Quién es mi prójimo?
El prójimo desde la perspectiva de Jesucristo
es “tu semejante, otro ser humano”. Y Nosotros fuimos hechos a imagen y semejanza
de Dios.
La forma en que amas a Dios se expresa en
cómo amas a la gente, amar a la gente es una expresión de tu amor por Dios.
Por eso, el corazón humano necesita una alineación
para que su deseo se alinee con el deseo de Dios. Mi deseo puede convertirse en
el deseo de Dios para que entonces pueda ser nuestro deseo.
Entonces Jesucristo va a cambiar el enfoque
de forma notable, si aprendemos a vivir conforme a la voluntad de Dios.
Pienso que el mensaje o la enseñanza de la
“regla de oro” consiste en “amarnos a nosotros mismos desde el amor de Dios”,
para así poder amar al prójimo.
Jesucristo te ama y te bendice.
JoseFercho ZamPer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario