No hay nada más
poderoso que la sangre de Cristo.
La sangre que
Jesús derramó en la cruz del Calvario nos limpia de todos nuestros pecados, nos
reconcilia con Dios Padre y nos ofrece la salvación.
Cuando
aceptamos la obra de la sangre de Cristo en nosotros, somos transformados por
toda la eternidad.
Y tomando la
copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque
esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de
los pecados. (Mateo 26:27-28)
Porque si la
sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra
rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto
más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí
mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para
que sirváis al Dios vivo?
(hebreos
9:13-14)
En el Antiguo
Testamento, el perdón de los pecados solo se lograba mediante el sacrificio y
el derramamiento de sangre de animales. Pero como estos no eran sacrificios
perfectos, era necesario repetir los sacrificios. Jesús puso punto final a eso:
su sacrificio fue perfecto y, todos los que lo aceptan, reciben el perdón y
salvación eterna. Su sacrificio fue más que suficiente.
En él tenemos
la redención por medio de su sangre, el perdón de los pecados según las
riquezas de su gracia. (Efesios 1:7)
Siendo justificados
gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a
quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para
manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los
pecados pasados. (Romanos 3:24-25)
Por lo cual
también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció
fuera de la puerta. (hebreos 13:12)
Pero ahora en
Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos
cercanos por la sangre de Cristo. (Efesios 2:13)
La muerte de
Cristo, su sangre derramada, nos acercó al Padre. Seamos judíos o gentiles,
podemos disfrutar de la presencia de Dios, acercándonos a él con confianza.
Al derramar su
sangre en la cruz, Jesús nos reconcilió con el Padre para que podamos tener la
esperanza de vida eterna con él.
Por tanto,
mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto
por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia
sangre.
(Hechos
20:28)
Y de Jesucristo
el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de
la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre. (Apocalipsis
1:5)
Jesús fue a la
cruz por amor a nosotros. Él estuvo dispuesto a morir por nosotros, porque nos
amaba desde siempre. Con su sangre, él nos lavó, nos limpió de nuestros pecados
y nos ofreció su perdón eterno.
A Jesús el
Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.
(hebreos 12:24)
Él nos ha
librado de la autoridad de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su
Hijo amado, en quien tenemos redención, el perdón de los pecados. (Colosenses
1:13-14)
Pero si andamos
en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de su
Hijo Jesús nos limpia de todo pecado. (1 Juan 1:7)
Y el Dios de
paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de
las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena
para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable
delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los
siglos. Amén. (hebreos 13:20-21)
De igual
manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo
pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. (Lucas 22:20)
El concepto de
purificación a través del sacrificio, presente en diversas culturas y
religiones, fascina y perturba a partes iguales. La idea de una redención
alcanzada mediante la sangre derramada ha resonado a lo largo de la historia,
alimentando mitos, leyendas y profundas reflexiones sobre la naturaleza humana
y la búsqueda de la trascendencia.
"Santificados
por Sangre", analizando sus diferentes interpretaciones y desentrañando su
resonancia en la psique humana. Descifraremos el poder simbólico inherente a
este concepto, su impacto cultural y su posible significado espiritual.
La sangre de
Cristo es un acto purificador de nuestra culpa por su redención y perdón,
dándonos pureza interior.
La sangre
derramada, se asocia con la expiación de las culpas y la obtención de la
limpieza espiritual.
La
santificación se refiere a la nueva vida y a lo que Dios te da como propio.
Significa unión
con Dios, es la plenitud de bendición por su sangre.
“Cristo se dio
a sí mismo por la iglesia, para santificarla, habiéndola purificado” (Efesios
5:25).
Hebreos 13:12:
“Jesús padeció para santificar a su pueblo para que fuesen santos y sin mancha”
(Efesios 1:4).
Fue porque sus
sufrimientos y muerte fueron una santificación de Él mismo, por lo que pueden
convertirse en santificación para nosotros.
¿Qué significa
eso? Jesús era el Santo de Dios, “el Hijo a quien el Padre había santificado y
enviado al mundo”, y ¿debía santificarse a sí mismo? Debía hacerlo; era indispensable.
“Vengo, oh,
Dios, para hacer tu voluntad”, y luego se añade: “En esa voluntad somos
santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para
siempre” (hebreos 10.7).
Fue por la
ofrenda de su cuerpo, la entrega de sí mismo para hacer la voluntad de Dios,
que llegamos a ser santificados por esa voluntad.
La perfecta
obediencia en la que se entregó a sí mismo, para que la santa voluntad de Dios
pudiera cumplirse en él, no sólo fue la causa meritoria de nuestra salvación,
sino que es al mismo tiempo el poder de su sangre el pecado fue vencido para
siempre.
La unidad entre
el Señor Jesús y Su pueblo consiste en el hecho de que ambos reciben su vida de
un solo Padre, y ambos tienen parte de la misma santificación.
La
santificación es el vínculo que los une. “Por lo cual también Jesús padeció,
para santificar a su pueblo mediante su propia sangre”.
En el fondo,
todos deseamos más tiempo para amar, para aprender, para cambiar, para
disfrutar.
Vivir más
tiempo significa ver crecer a los hijos, cumplir metas, disfrutar de los frutos
del trabajo y explorar nuevos caminos.
En un mundo tan
acelerado, la paz del señor es una oportunidad para vivir con más calma y
profundidad. Sin embargo, no se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor.
“Si deseas algo
con suficiente intensidad, si sientes que algo no está bien y necesitas un
cambio, en Jesucristo encontrarás la respuesta”.
Para estar
sano, más que una dieta en el sentido estricto de la palabra es un estilo de
vida sano, hay que tener una vida social y cultural. Y, además, mantener
siempre la mente activa.
No permitas que
cosas sin importancia te depriman. Tampoco puedes permitirte estar enojado o
celoso todo el tiempo.
Por todo eso.
Pido a Dios que
la bendición de Dios padre, Dios hijo y Dios Espíritu Santo esté contigo y con
toda tu familia.
Que la sangre
de Jesucristo abra los cielos y las bendiciones del altísimo sean derramadas
sobre nuestra casa, nuestra familia y todos los que nos rodean, que la mano
fuerte de Dios nos envuelva disipando toda oscuridad y trayendo paz,
prosperidad y victoria.
Con confianza
declaramos que habitamos a la sombra del omnipotente y que bajo la protección
divina nada podrá sacudirnos.
Me cubro a mí
mismo, a mi familia y a todos mis seres queridos con la sangre de Jesucristo, mi
señor y mi Dios. Declaro las bendiciones del señor sobre esta casa.
Declaro que
esta casa está completamente cubierta con la sangre de Jesús, que esta familia
está cubierta con la sangre de Jesús, que estas posesiones están protegidas y
guardadas por la sangre de Jesús.
Declaro que la seguridad
y la confianza están en mi casa, que en esta casa habita la fe, la confianza en
nuestro Dios, que nos defiende a todos del maligno.
Declaro que
aquí no hay lugar para la envidia, no hay lugar para la ansiedad, no hay lugar
para la depresión. Que la bendición de Dios cubre nuestra casa, que esta
familia se acuesta y descansa en paz y seguridad.
Confiamos que
tú eres refugio en la tormenta, que tú eres nuestra protección y que las
bendiciones del señor se extiendan sobre todos, que tu gloria, señor sea la
protección de esta casa, que la mano del señor esté al frente, en la
retaguardia, a la derecha y a la izquierda.
Declaramos que
toda arma forjada contra esta casa y contra este ambiente no prosperará, que el
señor protege nuestra casa de aquellos que se levantan contra nosotros. Señor,
tú eres nuestro escudo y nuestro refugio.
La sangre de
Jesucristo es lo único en existencia que podrá encargarse de nuestro pecado. Él
nos redimió, nos rescató de una vida de pecado.
Ser "Santificado
por la Sangre" de Cristo nos invita a una profunda reflexión sobre el amor
y el poder de Dios por nosotros. Comprender este misterio requiere un análisis
cuidadoso a nivel personal y espiritual.
“El
mismo Dios de paz os santifique por completo.” Amén.
Jesucristo
te ama y te bendice.
JoseFercho ZamPer
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