lunes, 26 de enero de 2026

Sobre la sangre de Cristo y su poder.

  


No hay nada más poderoso que la sangre de Cristo.

La sangre que Jesús derramó en la cruz del Calvario nos limpia de todos nuestros pecados, nos reconcilia con Dios Padre y nos ofrece la salvación.

 Cuando aceptamos la obra de la sangre de Cristo en nosotros, somos transformados por toda la eternidad.

 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. (Mateo 26:27-28)

 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

(hebreos 9:13-14)

 En el Antiguo Testamento, el perdón de los pecados solo se lograba mediante el sacrificio y el derramamiento de sangre de animales. Pero como estos no eran sacrificios perfectos, era necesario repetir los sacrificios. Jesús puso punto final a eso: su sacrificio fue perfecto y, todos los que lo aceptan, reciben el perdón y salvación eterna. Su sacrificio fue más que suficiente.

 En él tenemos la redención por medio de su sangre, el perdón de los pecados según las riquezas de su gracia. (Efesios 1:7)

 Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados. (Romanos 3:24-25)

 Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. (hebreos 13:12)

 Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. (Efesios 2:13)

 La muerte de Cristo, su sangre derramada, nos acercó al Padre. Seamos judíos o gentiles, podemos disfrutar de la presencia de Dios, acercándonos a él con confianza.

 Al derramar su sangre en la cruz, Jesús nos reconcilió con el Padre para que podamos tener la esperanza de vida eterna con él.

 Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.

(Hechos 20:28)

 Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre. (Apocalipsis 1:5)

 Jesús fue a la cruz por amor a nosotros. Él estuvo dispuesto a morir por nosotros, porque nos amaba desde siempre. Con su sangre, él nos lavó, nos limpió de nuestros pecados y nos ofreció su perdón eterno.

 A Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel. (hebreos 12:24)

 Él nos ha librado de la autoridad de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo amado, en quien tenemos redención, el perdón de los pecados. (Colosenses 1:13-14)

 Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado. (1 Juan 1:7)

 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (hebreos 13:20-21)

 De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. (Lucas 22:20)

 El concepto de purificación a través del sacrificio, presente en diversas culturas y religiones, fascina y perturba a partes iguales. La idea de una redención alcanzada mediante la sangre derramada ha resonado a lo largo de la historia, alimentando mitos, leyendas y profundas reflexiones sobre la naturaleza humana y la búsqueda de la trascendencia.

 "Santificados por Sangre", analizando sus diferentes interpretaciones y desentrañando su resonancia en la psique humana. Descifraremos el poder simbólico inherente a este concepto, su impacto cultural y su posible significado espiritual.

 La sangre de Cristo es un acto purificador de nuestra culpa por su redención y perdón, dándonos pureza interior.

La sangre derramada, se asocia con la expiación de las culpas y la obtención de la limpieza espiritual.

 La santificación se refiere a la nueva vida y a lo que Dios te da como propio.

Significa unión con Dios, es la plenitud de bendición por su sangre.

 “Cristo se dio a sí mismo por la iglesia, para santificarla, habiéndola purificado” (Efesios 5:25).

Hebreos 13:12: “Jesús padeció para santificar a su pueblo para que fuesen santos y sin mancha” (Efesios 1:4).

 Fue porque sus sufrimientos y muerte fueron una santificación de Él mismo, por lo que pueden convertirse en santificación para nosotros.

 ¿Qué significa eso? Jesús era el Santo de Dios, “el Hijo a quien el Padre había santificado y enviado al mundo”, y ¿debía santificarse a sí mismo? Debía hacerlo; era indispensable.

 “Vengo, oh, Dios, para hacer tu voluntad”, y luego se añade: “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (hebreos 10.7).

 Fue por la ofrenda de su cuerpo, la entrega de sí mismo para hacer la voluntad de Dios, que llegamos a ser santificados por esa voluntad.

 La perfecta obediencia en la que se entregó a sí mismo, para que la santa voluntad de Dios pudiera cumplirse en él, no sólo fue la causa meritoria de nuestra salvación, sino que es al mismo tiempo el poder de su sangre el pecado fue vencido para siempre.

La unidad entre el Señor Jesús y Su pueblo consiste en el hecho de que ambos reciben su vida de un solo Padre, y ambos tienen parte de la misma santificación.  

 La santificación es el vínculo que los une. “Por lo cual también Jesús padeció, para santificar a su pueblo mediante su propia sangre”.

 En el fondo, todos deseamos más tiempo para amar, para aprender, para cambiar, para disfrutar.

 Vivir más tiempo significa ver crecer a los hijos, cumplir metas, disfrutar de los frutos del trabajo y explorar nuevos caminos.

 En un mundo tan acelerado, la paz del señor es una oportunidad para vivir con más calma y profundidad. Sin embargo, no se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor.

 “Si deseas algo con suficiente intensidad, si sientes que algo no está bien y necesitas un cambio, en Jesucristo encontrarás la respuesta”.

 Para estar sano, más que una dieta en el sentido estricto de la palabra es un estilo de vida sano, hay que tener una vida social y cultural. Y, además, mantener siempre la mente activa.

 No permitas que cosas sin importancia te depriman. Tampoco puedes permitirte estar enojado o celoso todo el tiempo.

 Por todo eso.

Pido a Dios que la bendición de Dios padre, Dios hijo y Dios Espíritu Santo esté contigo y con toda tu familia.

 Que la sangre de Jesucristo abra los cielos y las bendiciones del altísimo sean derramadas sobre nuestra casa, nuestra familia y todos los que nos rodean, que la mano fuerte de Dios nos envuelva disipando toda oscuridad y trayendo paz, prosperidad y victoria.

 Con confianza declaramos que habitamos a la sombra del omnipotente y que bajo la protección divina nada podrá sacudirnos.

 Me cubro a mí mismo, a mi familia y a todos mis seres queridos con la sangre de Jesucristo, mi señor y mi Dios. Declaro las bendiciones del señor sobre esta casa.

 Declaro que esta casa está completamente cubierta con la sangre de Jesús, que esta familia está cubierta con la sangre de Jesús, que estas posesiones están protegidas y guardadas por la sangre de Jesús.

 Declaro que la seguridad y la confianza están en mi casa, que en esta casa habita la fe, la confianza en nuestro Dios, que nos defiende a todos del maligno.

 Declaro que aquí no hay lugar para la envidia, no hay lugar para la ansiedad, no hay lugar para la depresión. Que la bendición de Dios cubre nuestra casa, que esta familia se acuesta y descansa en paz y seguridad.

 Confiamos que tú eres refugio en la tormenta, que tú eres nuestra protección y que las bendiciones del señor se extiendan sobre todos, que tu gloria, señor sea la protección de esta casa, que la mano del señor esté al frente, en la retaguardia, a la derecha y a la izquierda.

 Declaramos que toda arma forjada contra esta casa y contra este ambiente no prosperará, que el señor protege nuestra casa de aquellos que se levantan contra nosotros. Señor, tú eres nuestro escudo y nuestro refugio.

 La sangre de Jesucristo es lo único en existencia que podrá encargarse de nuestro pecado. Él nos redimió, nos rescató de una vida de pecado.

 Ser "Santificado por la Sangre" de Cristo nos invita a una profunda reflexión sobre el amor y el poder de Dios por nosotros. Comprender este misterio requiere un análisis cuidadoso a nivel personal y espiritual.

 

“El mismo Dios de paz os santifique por completo.” Amén.

Jesucristo te ama y te bendice.

JoseFercho ZamPer

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