Desde niño he visto películas,
procesiones, peregrinaciones y muchas mas actividades que hacen las personas,
motivados por las enseñanzas que han recibido de sus iglesias, actividades que
ellas mismas promueven.
Por estos días de semana santa, hay
mucha gente llorando, intentando conmovernos desde su culpa. Lo que es peor, es
todo un espectáculo y eso me asusta. Y luego, pasados unos días se convierten
en palabras sin sentido.
Creo que no debemos seguir usando
el mismo lenguaje vacío de ayer, pues hoy puede significar otra cosa.
Sobre la semana santa se dicen
muchas cosas que no se quieren decir, nosotros necesitamos entender que la
Biblia es palabra de Dios, pero que a la vez recoge las ideas, los valores, las
creencias del momento histórico de esa comunidad, la cual no están conectada
con hoy. Por la misma mentalidad.
Necesitamos entender quién es
Jesucristo y qué hace hoy por mí y por ti, pues para nosotros es un misterio.
Jesucristo se encarga de que la
familia esté bien, que la gente esté bien, de quienes tienen hambre, digamos
que es Él, quien saca de problemas a los creyentes.
De alguna manera esas palabras de la biblia
que nos hablan de Jesucristo nos hacen ver para creer, que Él es quien paga mi
deuda de fe con el padre.
Es decir, yo estoy sin plata y me
van a coger como esclavo hasta pagar lo que adeudo, y alguien viene y paga por
mí.
Hay un momento en la vida en el
que toca por obligación pagar las deudas, de lo contrario terminamos siendo el
trompo de poner, o el arbusto donde todos orinan.
Entonces cuando un cristiano dice
que Jesús es Salvador, está diciendo que su vida es rescatada por la muerte de Cristo.
Yo creo que Jesús es mi Salvador,
yo no dudo de eso, pero tengo que entender qué él es mi Salvador, porque yo no
puedo vivir por otros.
El problema es que todos estos
discursos medievales y dogmáticos que nos han echado por los padres de familia
como por las iglesias, nos metieron en una película que nos asusta la vida.
Pregúntele al ciego de
nacimiento, ¿cuánto ha visto hasta el día de hoy?
Igual nosotros, hemos estado
ciegos espiritualmente…
La verdad esa ha sido nuestra
condición. Solamente por el hecho de ser humanos.
Somos como el hijo pródigo,
andamos perdidos del padre, lejos de la gracia. Tratando de vivir de fiesta en
fiesta.
Cuando tomamos la palabra de Dios
en serio, los demas van a decir que eso es un embuste.
Son todos esos discursos que se
repiten a lo largo de la vida los que han engendrado distracción en el hombre,
haciéndolo ver lejos de Dios. Pero, todas esas promesas y ofertas son vacías,
un espejismo, no dejan nada. Solo son un montón de promesas y cosas a las que
nunca les ponemos atención.
Es una actitud muy sospechosa todo
lo que el mundo te dice sobre la felicidad. Pero en verdad, todo eso es una
estafa.
Más, Dios establece una relación
nueva y definitiva entre Él y la humanidad, que es de cercanía.
Toda la tradición y el andamiaje
religioso que se ha construido alrededor de la causa de Jesús y de la
crucifixión es una causa política. Esa es la jugada de los líderes religiosos,
siempre manipuladores.
Si no nos tomamos en serio la
manera como Jesús vive para imitarlo y seguirlo, entonces solo estamos viviendo
en la religión.
Yo creo que hay que reconocer que
la historia de la Semana Santa es una historia muy poco clara sobre la verdad
de Jesucristo. Porque la gente poco quiere hacer la voluntad de Dios. Y es que
muchos tienen una visión de un Dios cruel, pues dicen que el diablo le pidió
permiso a Dios para joder, maltratar, destruir y volver nada Job, quien era su
amigo, como será con nosotros.
Creo que nos hace falta a
nosotros sentirlo, meditarlo para saber a qué se está arriesgando. Porque El terminó
en la Cruz por voluntad propia.
Qué significa creer en el
crucificado, en el resucitado hoy.
Es vivir con la esperanza activa.
Él es el protagonismo de la historia.
Necesitamos reflexionar sobre las
incomprensiones y traiciones que Jesús de Nazaret vivió durante su vida,
incluso por parte de sus seguidores más cercanos y su propia familia.
Se destacan momentos como la
negación de Pedro, la traición de Judas, las expectativas erróneas de sus
discípulos sobre el reino de Dios, y las numerosas incomprensiones a lo largo
de su camino. Todo esto culmina en un juicio injusto y en su crucifixión.
La narración resalta cómo, pese a
estas adversidades, un grupo de personas creyó firmemente en su mensaje,
compartiéndolo con entusiasmo y convicción, encontrando en él respuestas que
otros no ofrecían.
Acá trato de hacer una reflexión
sobre la figura de Jesús de Nazaret, su incomprensión y el impacto de su
resurrección en la vida de los creyentes. Se analiza cómo Jesús, a pesar de ser
incomprendido y traicionado por sus más cercanos, se convierte en un símbolo de
esperanza y transformación.
Se destaca que Jesús fue
incomprendido no solo por su familia y amigos, sino también por las autoridades
religiosas de su tiempo. La traición y la negación por parte de sus discípulos,
como Pedro y Judas, son ejemplos de esta incomprensión.
A lo largo de su vida, Jesús
enfrentó juicios injustos que culminaron en su crucifixión, lo que refleja la
dificultad de aceptar su mensaje radical de amor y perdón.
Muchos esperaban un líder
guerrero que liberara a Israel del dominio romano, mientras que otros deseaban
un sacerdote que restaurara el culto en el templo. Sin embargo, Jesús no se
ajustó a estas expectativas, lo que llevó a su condena y crucifixión.
La resurrección de Jesús es
presentada como el evento central que transforma la historia y la vida de los
creyentes. Se enfatiza que la resurrección no solo es un hecho histórico, sino
una invitación a vivir de manera diferente, a ser testigos de un amor que
trasciende la muerte. La experiencia de la resurrección debe reflejarse en
acciones concretas de amor y justicia en la vida cotidiana.
Se sugieren varios signos de
resurrección en la vida diaria, como la capacidad de mirar a los demás con
empatía, el contacto físico y la cercanía, así como la disposición a ayudar a
quienes lo necesitan. Estos actos son vistos como manifestaciones del Reino de
Dios y de la vida resucitada.
Se concluye que vivir la
resurrección implica un compromiso con los valores del Reino de Dios, que
incluyen la justicia, la paz y el amor.
La resurrección de Jesús nos
llama a actuar, a ser una fuente de esperanza y a vivir en comunidad,
reconociendo que la vida siempre puede renacer a pesar de las adversidades.
Eso lo debemos tener claro cuando pensamos en Jesucristo, cuando nos
sentimos incomprendidos, cuando nos traicionan. Son muchas traiciones e
incomprensiones a lo largo de la vida sobre todo por los amigos. El abandono
termina siendo justificado de alguna manera, pero es injusto, él no merecía
eso.
Dios no se mantiene al margen del sufrimiento humano, sino que entra en
él para redimirlo desde dentro. Tiene algo para nuestra vida, le da sentido.
Me entiendes, Jesús nos está diciendo; a pesar de que tú seas un pinche
traidor, te voy a confiar mis ovejas. Porque yo siempre vi en ti un hombre de
fe, de voluntad, de bien.
JoseFercho ZamPer
No hay comentarios:
Publicar un comentario