En busca de la felicidad.
Todo empieza cuando nos encontramos en medio
de situaciones tan complicadas, que ponen en peligro nuestra existencia en este
mundo. Cuando descubrimos que nos hemos convertido
en unos rufianes buenos para nada, solo para hacerle daño a los que amamos. Caídos
en la obsesión del trabajo, de la profesión, convertidos en unos mediocres de tiempo
completo, a tal grado que solo se piensa en el trabajo, o en sí mismo, descuidando
todos los demás aspectos, lo que provoca que los demás nos rechacen hasta el
menosprecio.
Necesitamos un guía para nuestra vida, alguien
que nos enseñe a realizarnos como personas, como hombres y mujeres de verdad,
en el sentido de lo humano, que nos lleven a ser mejores personas y tener una
mejor forma de vida.
He
tenido la oportunidad de ver y conocer a muchas personas en este mundo, alegres
y felices de la vida, trabajadoras, emprendedoras, y con muchas cualidades;
muchos de ellos pertenecen a distintas iglesias que dicen ser cristianas. La
mayoría de ellas, son buenas personas, pero en el fondo de su corazón, están
llenos de miedos, temores, y sin muchas esperanzas para sus vidas y familias.
Viviendo una
Vida Cristiana.
Yo creía
que la gente con problemas eran solo las que están por fuera de las iglesias,
pero estaba bastante equivocado. Siempre tratamos los problemas con pañitos de
agua tibia, casi nunca vamos al fondo, a lo que los causa. Estamos formados con
una manera de pensar muy mediocre, bajo unas creencias de la vida, muy
equivocadas.
No hemos
podido entender ni comprender que lo que causa los conflictos en la vida del
ser humano, está dentro de uno mismo, no en los demás. Que no dependemos del
otro para resolver nuestra vida, sino que la solución está en el interior, en
el corazón.
Siempre
estamos buscando la libertad y la paz en el exterior, por fuera del ser, cuando
en realidad debemos buscar en nuestro interior. La verdadera opción que tienen
los seres humanos para alcanzar su
transformación, está en Jesucristo.
Esto no
significa que sea en una iglesia o culto, donde vayas a hallar lo que buscas,
sino que está dentro de ti, en el espíritu, en la comunión con Cristo, en el
amor de Dios.
El
hombre siempre ha buscado la solución a sus problemas, en lo económico, en la
religión, en la ciencia, en la filosofía o en la psicología; poro no, en Dios.
El
comportamiento humano está formado por muchas variables de la formación: el
comportamiento de los padres, la educación impartida, el medio donde nos
formaron, las carencias afectivas y muchas otras influencias, tanto, buenas
como malas.
La
felicidad esta dentro del ser humano, de nosotros depende encontrarla y
vivirla.
Llevamos
muchos años de vida, presos de la angustia y el miedo; la vida es algo
bellísimo, pero debemos saberla vivir. Necesitamos con urgencia, realizar un
trabajo profundo en nuestro interior, para recuperar las ganas de vivir. Muchos
seres humanos viven sus vidas engañados,
aparentando estar bien, cuando en realidad sus vidas están perdidas entre sus
temores y miedos.
Vivimos
en una sociedad en la que de una u otra forma, dependemos emocionalmente de
cosas exteriores, ya sea reputación, fama, aprobación o de los bienes
materiales para ser felices. Por tal razón, hay mucha gente perturbada
emocionalmente, al no poder alcanzar suficiente de esas cosas. En este punto,
no depende de nosotros ser felices, porque estamos condicionados a tener, más
no, a ser. Por estar buscando la aprobación de los demás, no hallamos la felicidad.
Todas
nuestras creencias, nuestros miedos y los temores, nos impiden encontrar la verdad,
ellas la distorsionan de tal manera que
no podemos ver la diferencia entre la verdad y la mentira. Se hace necesario
mirar a profundidad para identificarla. La inseguridad nos genera un vacio tan
profundo, que nos impide ver el verdadero amor, y la libertad.
En
nuestras vidas pasamos por diferentes etapas y acontecimientos, una de ellas es
la vida en pareja, muchas personas, por sus
miedos e inestabilidades se sienten miserables y desdichadas, por las
dificultades normales de la relación; sacrificando su felicidad por complacer a
la otra persona o a sus familias, envés de buscar ser felices ellos, dando
solución a cualquiera de las dificultades.
Muchos
dicen que el amor se agota, como disculpa para no luchar por dar solución a la
relación de pareja, y se niegan a buscar mecanismos distintos a la separación.
Se pierde la esperanza de una vida mejor con la persona que aman, su autoestima
baja vulnera su capacidad de amar.
También,
muchas personas nos apegamos demasiado a la pareja, y en esos momentos de
dificultad, nos hemos echado a morir. Ahí es cuando nos podemos dar cuenta lo apegados
que estábamos, porque hemos sentido la
angustia y la soledad, o el miedo a perderla. Hemos confundido nuestras
falencias con el amor, pero un amor nocivo para la salud de todos los
involucrados.
Únicamente
Dios ama de forma incondicional y eterna, por tal razón, necesitamos aprender a
amar con el amor de Dios. El amor de
Dios, nunca se acaba, el humano sí.
Normalmente
nuestros sueños y expectativas son exclusivos de la persona, igualmente pasa
con las necesidades espirituales, por ende, son distintos a los de las otras
personas. El amor humano, para que dure, debe está basado en la confianza, en
el respeto a la autonomía o libertad del otro; sin pretender controlarlo, y
esto es lo que nosotros, no podemos hacer por sí mismos; solo desde el amor de
Dios, podríamos amar de esa manera.
Nuestras
relaciones humanas, siempre se encuentran en un nivel muy alto de dependencia,
dependemos de los otros para ser felices, y nos justificamos en que el amor es
reciproco. No podemos ver con claridad que el verdadero amor solo existe en
Dios, y que si no estamos en El, lo que mejor sabemos hacer, son estupideces,
las cuales atentan contra las persona
que decimos amar.
Solamente
en Cristo, podemos ser libres, de lo contrario estaremos muertos junto con los
seres que decimos amar, y los estaremos llevando a la oscuridad eterna. Esto y
mucho más te puede estar sucediendo, la esclavitud en la que vivimos, es más
fuerte que nosotros mismos. Las circunstancias de la persona, influyen en los
sentimientos, nos hacen reír o llorar.
Muchos, aun
siendo miembros de la iglesia, solemos durar demasiado tiempo para darnos
cuenta de esto, algunos se sumergen en sufrimientos que los llevan a estados
lamentables.
Nadie es
eterno en el mundo, estamos aquí de paso, necesitamos ir soltando todo aquello
que nos ata y nos impide avanzar en la fe de Dios, aun manejamos muchas creencias
carnales, que nuestra sociedad maneja como ciertas, las cuales nos programa
para vivir perturbados, amargados, inconscientes de la vida verdadera que es
Jesucristo.
Si
aceptamos que solo en Cristo Jesús hay libertad, sanidad, y hacemos la voluntad
de Dios, tomando la decisión de vivir cada día una vida cristiana, alcanzaremos
la felicidad, de lo contrario; sufriremos todos los días, lamentándonos y
desgastándonos en una lucha interminable por lograr vivir algún momento feliz.
Centrar
la felicidad en este mundo, o en lo material, fácilmente nos mantiene en un
estado lamentable, porque vivir con personas que no quieren servir, hacer cosas
que no te agradan, realizar tareas para otros; es como vivir encerrados en una
cárcel, donde la inconsciencia de la vida nos puede llevar a situaciones extremas,
hasta perder la vida.
Muchas personas
en el mundo, sufren y acaban con sus vidas tratando de ganar dinero, por miedo
a perder los bienes y las pertenencias que han logrado conseguir. Todo esto por
la mala concepción de la vida, desde niños hemos sido formados para atesorar cosas
materiales, que a la postre son inútiles para la felicidad del hombre. Así es
como se cae fácilmente en el engaño del enemigo el diablo, en creer que valemos
más por lo que tenemos que por lo que somos. En la presencia de Dios, no
cuentan para nada las riquezas ni posesiones materiales por las cuales
sacrificamos la vida.
No
importa cuál sea tu situación, realmente, la solución es la misma en todos los
casos, entendiendo que cada uno tendrá que recorrer su propio camino, lo dice
el Señor, Si no tomas tu cruz cada día, y me sigues; no podrás ser mi
discípulo. Es el momento de actuar en fe, con seguridad y confianza en Dios, lo
que te esté matando, no es tan poderoso como parece, Jesucristo ya venció al
mundo y a la muerte, si tú crees, en El somos más que victoriosos.
La
decisión es tuya, ¿Qué es lo que realmente quieres hacer con tu vida? Tú puedes
elegir y decidir qué quieres hacer. Si abres tu mente y tu corazón a Dios,
podrás ver más allá, y con claridad, la verdadera esencia de la vida; el amor.
En ese momento, y solo ahí, verás la gloria de Dios; ni antes ni después, solo
cuando tomes la decisión de creer y obedecer a la voz de Dios.
Muchas
personas nacen, crecen, se reproducen y mueren, sin darse cuenta de que estaban
muertas. Unas, en su lecho de muerte, despiertan y entienden que desperdiciaron
sus vidas, pero ya es tarde; otras, que podrías ser tú, toman consciencia,
eligen y deciden actuar para salir de ese estado de inconsciencia y disfrutar
la vida que Dios nos dio.
Hay mucha
gente que muere, creyendo que fueron felices, pero lo único que vivieron fue
dolor, sufrimiento y angustia de perder lo que aparentemente las hacía sentir
bien.
Nos han
hecho creer que el ciclo natural de la vida es primero tener, luego hacer y
finalmente ser, cuando en realidad primero debemos ser, luego debemos hacer y
por último tener.
Es
necesario abrir el corazón y la mente a Dios, porque el mundo y la carne están destruyendo violentamente la victoria que
Jesucristo obtuvo para nosotros los creyentes, robándonos la libertad y la identidad
cristiana. Los frutos de este trabajo se podrán ver conforme al compromiso y a
la fe que le inyectemos para sacarlo avante.
Los seres
humanos vivimos en un estado de aletargamiento espiritual, creemos tener libre
albedrío para hacer lo que nos viene en gana, a dónde queremos ir, cómo y
cuándo; pero eso implica desobediencia a Dios, porque en verdad deberíamos
vivir en obediencia profunda a su voluntad, para alcanzar la paz y la felicidad
interior.
¿Cómo
entonces aprender realmente a escuchar la voz Dios? A conocer el camino, la
verdad y la vida, a través del espíritu. Sólo Dios es el eterno presente,
quien conoce a Dios, conoce el amor, y puede amar todos los días. Podremos
conocer a cuanto maestro o ser iluminado que haya en la tierra, y alcanzar gran
crecimiento interior, pero si no conocemos a Jesucristo, no conoceremos el
verdadero amor.
El
crecimiento espiritual no se obtiene en ninguna iglesia, porque el espíritu, no
está en el exterior, sino en mi interior. La verdadera espiritualidad solo se
logra cuando se muere a todo deseo carnal, ya que nuestras emociones se nutren
de los deseos carnales.
Por
mucho tiempo en nuestra vida, tratamos de complacer a otros, con el deseo de
hacerlos felices; buscando la aceptación de ellos, pero lo mejor que podemos
lograr es perder la naturalidad y hasta la libertad. Los padres coartan la
libertad de los hijos, los ignoran, haciéndolo sentir culpables e inseguros. Todo
porque se pretende hacer de los hijos, lo que nosotros no pudimos ser. Pero
decimos amar a nuestros hijos, y todo lo hacemos por amor, aunque no sepamos en
realidad, qué es el amor. Lo que en realidad hemos logrado hacer, ha sido
trasmitirles nuestros propios miedos e inseguridades, haciendo de ellos, una
versión más degradada de nosotros mismos.
El éxito
en este mundo, produce emociones pasajeras, porque las riquezas materiales no
son ingredientes de la felicidad, esta es una felicidad condicionada. El mundo
nos obliga a ser, lo que no queremos ser, sacrificando así la felicidad; ahí es
donde esta raíz de nuestros sufrimientos. Al ver que nada ni nadie nos llenan,
sufrimos y nos deprimimos, porque estamos dependiendo de las cosas externas, de
las personas o de los bienes materiales.
Normalmente
la persona a quien decimos amar, es quien nos causa dolor y sufrimientos, porque
no podemos tenerla dentro de nosotros, y nosotros le causamos los mismos
sentimientos a ella. A muchas personas casadas, al descubrir que su cónyuge le
es infiel, se les acaba la vida; pierden hasta las ganas de vivir, la depresión
y sus temores los llevan a tomar decisiones que jamás hubiesen imaginado. No
podemos depender de otras personas para ser felices, únicamente de Dios.
De hecho
los problemas y las dificultades hacen parte integral de la vida, pero ellos
nos deben llevar a crecer y disfrutar de la vida, no a sufrir y llorar por la
vida. Mira hacia atrás tu vida, analiza lo vivido a través de los años. ¿Has
sido realmente feliz?
Si lo
que sientes es vacío, soledad, ansiedad, dolor, miedo, estrés o frustración, no
eres feliz. Entonces, mírate bien y no te engañes, vives una felicidad
disfrazada o mejor, eres infeliz; puede ser que los demás crean que así como
viven, es como se debe vivir, pero en realidad hay otra forma más excelente de
vivir, es, la vida en Cristo.
Probablemente
no estés de acuerdo con esto, pero si tratas de abrir tu mente al evangelio de
Jesucristo, podrás lograr un cambio real en tu vida. Es necesario identificar nuestros
miedos, y formas de pensar y sentir, que estén influyendo en nuestro presente;
la ignorancia de la verdad, con frecuencia nos lleva a vivir mal, es urgente
tomar las riendas de nuestra vida.
Cada ser
humano es único, tú tienes la capacidad de manejar tu mente, de ti depende tu
felicidad, pero recuerda que solo Cristo es el camino, la verdad y la vida, y
solo en El, hay salvación. Eso implica ser testimonio de vida para los demás, no
solamente con la lectura de la biblia, es primordial que obedezcas con fe, la
palabra de Dios.
El amor de
Dios nos proporciona libertad, mientras que el amor humano, es carnal, nos posee,
nos amarra, nos encarcela; y en ocasiones nos lleva a vivir una vida miserable.
Cuando
escogemos a Jesucristo como Señor de nuestras vidas, para hacernos cristianos,
nuestro estilo de vida debe cambiar dramáticamente. Es urgente revisar, con
quien andamos, lo que hacemos, lo que hablamos, lo que leemos, miramos, etc.,
ya no pueden seguir siendo las mismas cosas, todo esto debe ser objeto de una
cuidadosa evaluación.
Mateo 17:13-17 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para
que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo
los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego
que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como
tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
Aunque tenemos muchas razones para explicar la manera en que
vivimos, Jesucristo tiene un plan perfecto para nuestras vidas, y ese es el que
Dios quiere que vivamos.
Juan 15:5-6. »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que
permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden
ustedes hacer nada. El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las
ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman.
Una vida sin Dios no es vida, sino sufrimiento, dolor y muerte
espiritual.
Sabemos que las situaciones empeoran y que las presiones aumentan
día tras día, debemos estar preparados en Cristo para enfrentar cualquier
engaño o trampa del mundo y enredarnos en sus redes.
Como atleta o soldado que quiere alcanzar la meta, nos debemos
esforzar para crecer en fe y que nuestras vidas sean transformadas no sólo para
hoy, sino para siempre.
Existen tantas cosas en la vida, que la lista es exuberante: lo
que tomamos, comemos, vemos, leemos, la música, el baile, la política, la moda,
la educación, en fin, una cantidad ilimitada de actividades que normalmente
hacemos; pero sin darnos cuenta de lo que nos afecta.
Romanos 12:2. No os conforméis a este siglo, sino transformas por
medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea
la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Una vida cristiana no consiste en cumplir reglas o mandatos, sino
en una búsqueda de Jesucristo constante, y dejar que el establezca en nuestro
ser, lo que a Él le agrada. Mantener una comunicación continua con Dios.
1 Tesalonicenses 5:16-18. Estad siempre gozosos. Orad sin cesar.
Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en
Cristo Jesús.
Tampoco se trata de mostrar una apariencia exterior de santidad,
sino ser testigos de que existe Cristo.
Mateo 23:27-28. ! Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!
porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se
muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda
inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a
los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.
Para vivir como cristiano se requiere tener el carácter de Cristo.
Debe haber un cambio en la persona, como resultado del Espíritu Santo en mí.
Gálatas 5:24-25. Pero los que son de Cristo han crucificado la
carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también
por el Espíritu.
Vivir una vida cristiana, es vivir una vida segura y confiada en
Dios, tanto por dentro como por fuera de nuestro ser. Si miramos a la Iglesia
frente al mundo, podemos ver que las dificultades de este mundo son crueles
tormentos para alcanzar los tesoros de Dios. Somos frágiles vasijas de barro
conteniendo una inmensa riqueza aun sin explorar por nosotros mismos.
Si prestamos atención a los sufrimientos y a los retos que hoy
afligen a la vida consagrada, notaremos que desde siempre ha sucedido lo mismo,
debemos compartir no sólo las alegrías sino también los dolores, con los
hermanos en Cristo. No debemos olvidar que la Iglesia está guiada por Dios y
que todo sirve para el bien de los que lo aman. Además, la gracia de Dios se
muestra plenamente en nuestras debilidades.
A la pregunta, ¿mi vida es testimonio visible, capaz de atraer a
otros a Cristo? Si la respuesta es un No, ¿cuál debe ser mi tipo de
consagración?
Pero no podemos ignorar que, a veces, a la vida consagrada que
llevamos, no se le presta una verdadera importancia, y que actuamos con cierta
desidia frente a ella. Por otro lado, ante la crisis de valores y moral
religiosa que asalta a la sociedad, las personas consagradas se ven obligadas a
buscar nuevas formas de vida y pierden así su identidad Cristiana.
Cuando nuestros proyectos personales están por encima del de
todos, se cometen toda clase de errores, pasando por encima de la voluntad de
Dios.
La vida de fe, está entre la fragilidad de la propia persona y el
poder de la gracia de Dios; todo miembro de la Iglesia tiene la responsabilidad
de sacar avante su espiritualidad, manteniendo un equilibrio perfecto entre
Dios, yo y el otro.
Necesitamos encontrar esa gracia que Jesucristo nos quiere dar, la
que está en el Espíritu Santo, para volver a descubrir las riquezas y el
verdadero sentido de una vida cristiana. De no ser así, estaremos viviendo una
aparente cristiandad.
Tendremos que llevar salud a donde hay enfermedad, abundancia a
donde hay escases, vida a donde reina la muerte. El camino para la plena
realización de la persona está únicamente en Jesucristo, por medio de su
espíritu que vive en cada creyente, la libertad, la alegría para poder vivir en
este mundo, solo la encontremos en aquel quien cargo en su cuerpo, todas mis
debilidades y mi pecado, hasta la muerte.
La vida en Cristo, no busca ni alabanzas, ni aplausos por parte
del mundo, nuestra identidad está en el Señor Jesucristo, y en Él, la plenitud
y el sentido de nuestra vida.
El seguimiento de Cristo, implica una comunión más auténtica con
las personas que nos rodean, sin esperar ninguna reciprocidad, sin superioridad
ni inferioridad frente al llamamiento de comprender el valor de la vida
consagrada a Dios, en relación con la iglesia y sus componentes. Siendo una
verdad total el que, “todos los cristianos están llamados a la santidad y a la
perfección en su propio ser”, con la misión de hacer resplandecer a Cristo, a
través del testimonio de vida en el apoyo y la fidelidad de todo el cuerpo de
Cristo.
Todas estas dificultades que el mundo nos plantea, son apenas un
fuerte llamamiento a profundizar la vivencia propia de la vida consagrada, cuyo
testimonio es hoy más necesario que nunca. Encontrarle el sentido real y
verdadero a la vida cristiana, es tarea fundamental y superior para todo aquel
que siente tener algún llamado de Dios, para ejercer un servicio en autoridad,
y un deber exigente ante la iglesia de Cristo. Esto requiere un esfuerzo
constante, capaz de animar y de proponer, de realizar y ser cristiano, sin
lugar a renuncias a tal tipo de compromiso. Aun cuando en última instancia, y
según el derecho propio, pudiese hacerlo; sus decisiones solo pueden ser
avaladas por el Espíritu santo.
Cada uno y toda la comunidad, estamos comprometidos con el
proyecto de Dios, haciendo juntos su voluntad. Poniendo así la mano sobre el
arado sin derecho de mirar atrás, para no ser descalificados. Lo que nos lleva
a la necesidad de tener libertad para aprender durante toda la vida, en toda
edad y en todo momento, de dejarse instruir por toda verdad contenida en las
sagradas escrituras, a través de la oración, el sufrimiento, y toda clase de
situaciones durante su vida cristiana y natural en este mundo.
Esta exigencia conlleva un compartir la vida, exige un vivir como
Cristo vivió, entregado siempre a un bien común, a una causa de comunión y de
servicio apostólico, en los que todos se sienten partícipes en la edificación
del Reino de Dios en medio de los hombres.
La vida
espiritual.
Estamos llamados a descubrir nuestras opciones en la
espiritualidad, se trata, ante todo, de vivir en plenitud los evangelios a
partir del modelo de Jesucristo, es necesario, por tanto, adherirse cada vez
más a Cristo, centro de la vida consagrada, y retomar un camino de conversión y
de renovación que, como en toda experiencia, cada uno puede vivir lo que cree,
por fe.
El conocimiento de la propia pobreza y fragilidad, nos lleva a
descubrir que aun siendo un pecador, el don de Dios ha sido más fuerte que la
insuficiencia nuestra. Dios mismo, se ha hecho presente en quien lo ha buscado
de todo corazón, a lo largo de los siglos. Al punto de que se han reunido en su
nombre, los ha colmado de su Espíritu, haciéndolos instrumento de su amor y
constructores de comunidad en toda la tierra.
Las personas podemos estar consagradas a Cristo, porque Él mismo
ha venido a nuestro encuentro, por el camino del amor y la vida, sin Cristo no
podemos nada. Toda iniciativa proviene de Dios padre.
Para caminar en Cristo, es necesario reencontrar el primer amor,
suya es la primacía del amor. Si algo podemos, es porque Él nos ha amado
primero, Cristo me ha amado y ha dado su vida por mí.
La Palabra
de Dios.
Vivir la espiritualidad solo es posible a partir de la persona de
Jesucristo, quien está presente en su Palabra, fuente de toda espiritualidad.
La santidad solo puede venir de una renovada entrega a Dios a través de su palabra.
Es en ella donde se madura la fe, hasta tener el pensamiento de Cristo.
La Palabra de Dios es el alimento para la vida, para la oración y
para el avivamiento diario, es inspiración para la renovación de nuestra mente
y corazón. Alimentados por la Palabra, transformados por el espíritu Santo, en
seres nuevos y libres, para ser siervos comprometidos con Dios.
Es la oración una forma maravillosa de acoger la Palabra de Dios,
donde nuestra mirada de fe encuentra el rostro de Cristo, y la necesidad del
hermano, en una profunda amistad con Cristo. A través de la oración se madura
la necesidad de permanecer siempre con el Señor.
Es la oración el lugar privilegiado para el encuentro con el
Señor, donde se llega a la intimidad con Cristo, la identificación con Él,
porque donde hay dos o tres reunidos en su nombre, Él está en medio.
Vivir la espiritualidad es un continuo renovar de la fe, significa
comenzar cada día como un niño, deseando conocer a su padre, donde se aprende
qué es el amor de Dios. El hombre espiritual, reconoce el rostro del Señor en
los enfermos, en los presos, en los pobres, en los pecadores. También hoy es
necesario obtener nuevas fuerzas espirituales para mantenerse en el camino de
la vida cristiana, en comunión con el hermano.
1 Corintios 12:12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos
miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo
cuerpo, así también Cristo.
Puede que sea el comienzo de una vida solitaria, por caminos poco
comunes para el normal de las personas, ya que se nos agregan factores como la
obligación de adaptarse a las exigencias divinas, las cuales exigen un mayor
esfuerzo de sujeción y obediencia al Espíritu santo, y una comunión mucho más
profunda. Por la necesidad de ser Iglesia, de vivir juntos en el mismo
espíritu, de servirnos los unos a los otros, es que necesitamos amar a la
comunidad y a la familia. Se trata de nacer del Espíritu para obtener
espiritualidad. Esto nos lleva a vivir un amor real y palpable con los demás
miembros de la Iglesia. El amor de Dios en medio de nosotros nos lleva a
descubrir cada vez más el bien, ese que nos da comunión y participación a cada
uno como miembros del Pueblo de Dios.
Hoy más que nunca, de frente a las mentiras y engaños a que el
mundo nos somete, y que ponen en duda los principios fundamentales de la fe,
los miembros de una comunidad o iglesia, están llamados a dar pruebas de amor y
fidelidad, sin titubeos, de tal forma que la Iglesia sea portavoz de una vida
mejor en Cristo Jesús.
Sólo la verdadera espiritualidad nos puede llevar a la unidad que
hace Iglesia, el amor y el servicio requieren ser vividos en reciprocidad
mutua. Es necesario hacerse uno con el que sufre, darle sentido al amor
fraterno. Esta es la mejor forma de evangelización, la que se hace a través del
amor y del testimonio de la palabra.
La peor pobreza que existe hoy, es la desesperación del sin
sentido de la vida, causada por el abandono, la marginación y la discriminación
social. Estamos viviendo en una sociedad deshumanizada, con indiferencia a los
derechos del ser humano. Una sociedad que dice tener amor para rescatar
animales de las calles, pero dejar abandonadas a las personas en las mismas
condiciones; una sociedad que permite a madres con sus niños de brazos, pidiendo
limosna para darles de comer, en vez de llevarlos a hogares para darles una
mejor vida, porque según ella, la sociedad, le están violando sus derechos a
vivir en la indigencia.
Debemos esforzarnos por construir justicia en este mundo, que se
ofrezcan nuevas y mejores posibilidades de vida y desarrollo a las personas.
Para que esto sea posible, es preciso tener una verdadera vida en el espíritu,
un deseo de proclamar la palabra de Dios y de realizar sus obras. Esta es la
riqueza de la espiritualidad. La vida cristiana no puede contentarse con vivir
para sí mismos, sino para toda la humanidad.
No podemos quedarnos inermes, ante tan graves y grandes problemas
que amordazan a la humanidad, ante el desequilibrio ecológico que los grandes
consumidores ocasionan a los recursos naturales, a ritmos insostenibles. Lo que
está llevando a la humanidad a graves peligros para la paz, amenazada con la
pesadilla de guerras por los recursos para la vida, como si Dios no hubiese
creado suficiente para todos.
¿Cómo es que permanecemos tan pasivos frente a tan graves
violaciones de los derechos fundamentales del hombre?
En Verdad que hay necesidad urgente de hombres y mujeres
valientes, que ofrezcan a todos un
testimonio limpio y alegre de su entrega a Jesucristo, de su espiritualidad
como auténticos protagonistas de una vida cristiana.
La vida cristiana consiste en ser cada día más como Jesucristo. Amar
a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.
La necesidad
de un cambio.
El Nuevo Nacimiento no es un concepto humano, no sucede en la
carne sino en el espíritu, y en el corazón del ser humano. El nuevo nacimiento
provoca un cambio.
2 Corintios 5:17. De modo que si alguno está en Cristo, nueva
criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
Romanos 8:16. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu,
de que somos hijos de Dios.
Mateo 15:8. "Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón
está lejos de mí."
Podemos predicar de un reino nuevo, todo lo que queramos, podemos
insistir en tener muchas cosas exteriores y hasta aprender a confesar muchas
cosas con nuestras bocas, pero si no ha habido un cambio genuino, aquel que
nace de adentro, el cual no es enseñado, sino uno que se vuelve parte de nuestra
naturaleza, no ha habido un verdadero nuevo nacimiento. Simplemente tenemos religión,
unos ideales, unos preceptos, pero nada más fuera de ahí.
El mensaje central de la Biblia es sobre el amor de Dios hacia los
seres humanos. Este amor, Cristo lo personifica, cuando lo da todo en
sacrificio por nosotros. Este amor también se nos da como regalo al nacer de
nuevo. Todo amor que nosotros tengamos es porque viene de Dios.
Pero el amor no es solo poético, el amor es práctico. Este es
demostrado con hechos. Y el amor siempre se demuestra por medio de un
sacrificio, cuando una persona está dispuesta a sacrificar algo personal para
ser de bendición a la otra persona.
La falta de amor en el pueblo cristiano es horrible. Lo opuesto al
amor no es odio, sino egoísmo. Muchos hermanos en la fe, tratan de sacar
provecho personal de otros hermanos. ¿Cómo podemos decir que somos nacidos de
nuevo cuando convertimos el evangelio en un negocio? El evangelio no es un
negocio de dinero, sino de almas.
El Mundo y El Cristiano.
Romanos 12:2-3. No os
conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de
vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios,
agradable y perfecta. Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que
está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe
tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios
repartió a cada uno.
El cristiano no vive como los demás, sino que su vida es un
testimonio para los demás, y así agradar a su Padre que está en los cielos. No
nos podemos conformar al concepto de este mundo, quizás para el mundo está bien
muchas cosas, pero el cristiano debe ser diferente.
Hay muchos lobos que se
hacen pasar por ovejas.
Los que hemos nacido de nuevo no somos movidos por lo que está de
moda, ni por fama personal. Sino por lo que ha sucedido dentro de nuestros
corazones.
La vida cristiana se trata
de vivir a Cristo día a día, no solo en
las horas que asistimos a la reunión o al culto, el mundo quiere venderte la
indiferencia, la pereza y la desidia, como “la forma” en que debes vivir tus
relaciones; tal vez puede decirte que con que reces de vez en cuando y hagas
ciertas actividades religiosas “ya estás haciendo suficiente”, inclusive puede
llegar a decirte que si no cumples con ciertos requisitos, “no vales nada”.
Si caminas con Cristo cada día de tu vida, permites que sea Él
quien te enseñe la verdad, tu relación con Él, te permitirán ver a los demás
con amor y tratarlos de igual forma. Ninguna amistad prospera si no nos conocemos,
a través de la oración podemos conocer a Dios y darnos a conocer de Él. Haz lo recto
y bueno ante los ojos de Dios, y vivirás.
Cristo es nuestro Salvador
Hemos visto que la ley nos lleva a Cristo. Ahora veamos lo que
Cristo hizo por nosotros cuando Él nos salvó:
Cristo nos redimió de la maldición de la ley.
Cristo nos libró del dominio de la ley.
Cristo regresó a vivir en nosotros.
Debido a que habíamos quebrantado la ley de Dios, estábamos
condenados a la muerte, pero Cristo nos redimió de la maldición de la ley.
Ahora el Señor Jesús ha venido a vivir en mí, y Él dice: "Cumpliré los
mandamientos en ti".
Gálatas 2:20. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no
vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la
fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
La realidad de que fuimos crucificados con Cristo es la base para
la victoria sobre todo enemigo en la vida cristiana. Por nuestra muerte,
sepultura, y resurrección con Cristo, hemos sido librados del poder del pecado,
el Yo, la carne, el mundo y Satanás. Esta es nuestra posición en Cristo, y
debemos contar con ella.
Recuerda: Dios tuvo un gran propósito al crucificarnos con Cristo.
¿Cuál fue? Dios nos crucificó juntamente con Cristo para que nuestra vida vieja
de egoísmo pudiera ser terminada para que Cristo viviera Su vida en nosotros.
1 Corintios 1:30. Más por él (Dios) estáis vosotros en Cristo
Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación,
santificación y redención.
El hombre se debe educar, sobre todo en su
modo de vivir, sus costumbres y sus vicios, todo esto lo alcanzaremos como una
meta superior, como algo más alto que el yo.
Toda adversidad trae su lección, nada sucede
por mera casualidad, los pensamientos nos llevan a acciones, piensa, pero
actúa. La felicidad es un derecho de todo ser humano, cuando logramos ser
felices, el éxito nos alcanza.
La libertad consiste en ser dueño de sí mismo,
no en hacer lo que nos plazca.
El mucho trabajo nos deja vacíos por dentro,
pero la vagancia nos arruina. Debemos invertir en nosotros mismos.
Pensar bien de nosotros mismos, y de los
demás, nos lleva a cambiar los malos hábitos. Necesitamos nuestro propio tiempo,
para disfrutar del momento. El destino de cada uno depende de las opciones que
tomamos. Estamos acostumbrados a pensar de los demás, en una forma tan carnal, que
nuestra mente se hace aun más pequeña. Cuando
nos demos cuenta que ya no cabemos en este mundo en forma física, es cuando
podemos ver que lo material es algo vano. Tenemos que darnos cuenta que todo
tiempo es valioso, cada día podemos aprender algo nuevo y así mejorar lo que hacemos.
La reacción que tengamos ante las personas a de
ser positiva, conocer un poco del otro nos trae sabiduría, las respuestas y
soluciones están impresas en las páginas de la vida de los seres humanos. Así nos
iremos abriendo a nuevas formas de vida, plena y satisfactoria.
Si queremos un cambio, es necesario buscarlo
dentro de nuestro yo interior, es mucho más fácil quejarse de la vida y fomentar
el inconformismo, que renovarse con la palabra de Dios con la que se nos ha
bendecido.
Vale la pena ser feliz, si así lo deseas.
Encontrar el camino, es difícil; pero es aún
más difícil, seguirlo, porque para ser feliz se necesita disciplina y voluntad,
el regalo de la vida no dura mucho en nuestras manos; para llegar a la
felicidad es necesaria la verdad y el amor.
En lo personal quiero poner en práctica en mi
relación con Jesucristo, un vivir espiritual, que me lleve a enfrentar mis
propios temores, esperando descubrir un modo de vida más gozoso, que me haga un
hombre verdaderamente libre.
Que hacer.
Leer la Biblia y orar diariamente y en todo lugar. Elija un lugar
tranquilo, donde pueda estar a solas con Dios. Haga una lista de peticiones,
tanto a favor de otros como para usted.
Asista regularmente a la iglesia.
Aprenda a depender del Espíritu Santo, lo fortalecerá en sus
tiempos de necesidad. Aprenda a adorar a Dios, a alabarlo por todo lo que Él es
y por todo lo que hizo por usted.
Solucione sus dudas, aprenda de los fracasos.
Confiesa sus pecados a Dios.
Aprenda a vivir un día a la vez.
Descubra la bendición en el sufrimiento.
En lugar de desmoralizarse, usted puede fortalecerse.
Sea bendición para los demás, sirva.
Aprenda a enfrentar la tentación.
Hable a otras personas de Jesucristo.
Reconozca que tienes pecados y arrepiéntase.
No se contente solo con escuchar la palabra, póngala en práctica.
Practica lo que predicas.
Deja que Dios te cambie, no te cambies a ti mismo, solo Dios puede
hacerlo.
Comprenda que serás perseguido por tus creencias.
Trata a los demás con la misma amabilidad con la que te gustaría
ser tratado.
Procura vivir una vida en paz, en todo lo que este a tu alcance.
Perdónate a ti mismo y a los demás.
Ser cristiano consiste en amar a los demás mediante el amor de
Dios.
Camina firme, paso a paso, pero hacia adelante, no mires atrás.
No te desanimes aunque te equivoques, no pienses que Dios te
dejará de amar.
No ocultes tus talentes.
Nunca pierdas la fe en Dios.
Jesucristo te ama y te bendice.
JoseFercho ZamPer
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