sábado, 6 de diciembre de 2025

Sobre la muerte.

 La mía, la tuya, la de nuestros seres queridos.

 Es un regalo la vida, debemos ser conscientes de que cada momento es maravilloso porque es único, especial e irrepetible.

  La vida es maravillosa, aunque tiene sus momentos de oscuridad, por ello debemos ser agradecidos con ella en cada momento, y ser conscientes de cómo queremos vivirla.

 La mente a veces nos juega malas pasadas y nos lleva por caminos oscuros de pensamientos dañinos y autodestructivos. Tales como: “para qué luchar si nada vale la pena”, “todo es una mierda”. Necesitamos aprender a controlarla.

 Debemos ser conscientes de la muerte, la mía, la tuya, y la de los seres queridos, esto es algo muy sano, porque es realidad, es la conciencia de que estamos vivos. Ella es una compañera de vida, la muerte.

 Algunas veces he caminado por bosques maravillosos, con abundante vegetación, y cuando he vuelto años después, he visto con tristeza que muchos árboles se han secado, y que algunas fuentes de agua están contaminadas. Luego me doy cuenta de que la vida está en constante cambio; ya sea por razones naturales o por el descuido de las malas consciencias de la vida.

 Es muy importante disfrutar el momento presente, antes de que sea demasiado tarde.

 La vida es como un racimo de bananos maduros, debemos compartirlos con los amigos antes de que se pasen, eso es momento presente, hay que vivirlo y compartirlo sin miedo.

 Al ser conscientes de nuestra propia muerte y vivir la vida con los seres queridos nos garantiza un mayor desarrollo personal.

 

–Soy la Muerte –

–Bien –respondió el joven–. Y se marchó, contento, viviendo sin preocupación.

-Más el anciano la saludo con respeto y algo de temor. Sabiendo que sus achaques eran síntomas de su aproximación.

Sin embargo, la juventud como la salud también tienen su fecha de expiración.

Por lo que muchos jóvenes acaban la carrera en este mundo antes que su antecesor.

En un tono sosegado y relajante nos plantas, al final, ante una dura realidad.

La imaginación es la mayor arma de la que disponemos para convertir las desgracias que la vida nos pone en nuestro camino en aventuras inimaginables.

Por un pequeño agujero se puede ver la vida desde la muerte, no obstante, hay que fallecer primero.

Las personas sufren dos muertes: la que los separa de los demás por medio del olvido, y la muerte definitiva que los desaparece del mundo, de modo que los que fallecen en vida siguen envejeciendo y falleciendo por falta de amor.

- Acepta la realidad de la pérdida.

- Trabaja las emociones, los sentimientos y los pensamientos.

- Acomoda tu vida en medio de la dificultad.

- Reacomoda emocionalmente tu corazón en tu interior y sigue viviendo.

- Elabora tu vida espiritual, tus valores.

 

— Dime una cosa: ¿Qué has oído decir de mí?

 ¿La verdad de verdad? Nada bueno.

Pero dicen que usted es peor que los otros.

— Qué carajos dices…

Es bueno estar con alguien cuando uno está solo.

 

Desafíos de amor.

El amor es la puerta de entrada a un universo entero.

Es la fragilidad del ser humano y su dignidad inquebrantable.

Se ama a las personas, no a las cosas.

 

La mujer no podría sostener el vaso con agua porque se le caía al suelo.

La fiebre y los vómitos, la diarrea y los dolores de cabeza la tenían al borde de la muerte.

Somos un ejército de zombis”, una tropa diezmada por la enfermedad.

“A veces, y solo a veces, somos cómplices de la tiranía”.

 

Reflexión: Vida, Muerte y el Recuerdo de Dios

"Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría." (Salmo 90:12)

La existencia humana es un misterio que entrelaza la fragilidad de la vida física con la eternidad del alma. La muerte no es solo un final, sino un llamado a vivir con propósito y en comunión con Dios.

La vida es un regalo que muchas veces damos por sentado. La muerte, en cambio, nos recuerda lo frágiles que somos. Pero más allá de lo físico, existe también la vida y la muerte espiritual: vivir en la presencia de Dios o alejarnos de Él.

3. El olvido de Dios en nuestras vidas

El mayor peligro no es la muerte física, sino vivir como si Dios no existiera.

El olvido de Dios nos lleva a buscar sentido en lo pasajero, dejando de lado lo eterno.

Recordar a Dios es recordar quiénes somos y hacia dónde vamos.


1. La Dualidad de la Vida: Física y Espiritual

La vida corporal es efímera, limitada por el tiempo y las circunstancias que nos rodean. Sin embargo, la vida espiritual trasciende lo temporal y nos invita a caminar en la luz eterna de Dios.

Jesús nos promete una vida plena y abundante, más allá de lo visible y tangible (Juan 10:10).

La vida física es limitada, marcada por el tiempo y las circunstancias.

La vida espiritual, en cambio, se abre a la eternidad cuando caminamos con Dios.

 

2. La Muerte: Realidad Ineludible y Advertencia Profunda

La muerte física es un destino común que nos iguala a todos, recordándonos nuestra vulnerabilidad. Pero la muerte espiritual, más silenciosa y peligrosa, es la separación del alma de Dios, un vacío que consume el sentido y la esperanza.

 

3. El Olvido de Dios: La Pérdida del Norte en Nuestra Existencia

 Olvidar a Dios es perder el rumbo, buscar en lo pasajero lo que solo Él puede ofrecer: sentido, paz y eternidad. Este olvido es la raíz de la desesperanza y la desconexión con nuestro verdadero ser.

 La muerte es realidad y advertencia, la muerte física nos iguala a todos, sin importar edad o condición.

 La muerte espiritual ocurre cuando olvidamos a Dios y dejamos que el mundo ocupe su lugar.

 No es solo ausencia de fe, sino vacío interior y pérdida de propósito.

  

4. Llamado a la Juventud: Decidir Vivir en la Presencia Divina

 La juventud es un tiempo sagrado para elegir el camino que dará sentido a toda la vida.

 No se trata de temer a la muerte, sino de abrazar la vida auténtica que solo se encuentra en Cristo. Recordar a Dios diariamente es la llave que abre la puerta a la verdadera libertad y plenitud.

 La juventud es un tiempo para decidir: ¿viviremos con Dios o lo olvidaremos?

 La verdadera libertad está en recordar a Dios cada día y vivir en su presencia.

  

Conclusión

 "Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud." (Eclesiastés 12:1)

Recordarlo es vivir con propósito, esperanza y plenitud.

La vida y la muerte son dos realidades inseparables, o dos caras de la misma moneda, pero solo en Dios hallamos el sentido profundo que las une.

Vivir con la conciencia de su presencia transforma cada día en una oportunidad para crecer en esperanza, amor y propósito.

 

 

                                            JoseFercho ZamPer

Sobre la muerte.

  La mía, la tuya, la de nuestros seres queridos.   Es un regalo la vida, debemos ser conscientes de que cada momento es maravilloso porqu...